Opinión

Católicos y científicos: Emanuele Samek Lodovic

Emanuele Samek Lodovic (1942-1981) nació en Messina (Italia), pero casi siempre vivió en Milán. Providencialmente sobrevivió a la tragedia de Albenga, consistente en el naufragio de una barca llena de niños,  cuando solo tenía cinco años, tras el cual fue incluido en el grupo de los cadáveres, dándose cuenta un médico de que estaba vivo.

De educación, cultura y práctica católicas, estudió en la Universidad Católica del Sagrado Corazón  (Milán), donde se graduó en 1966 con una tesis titulada «Filosofía clásica y espiritualidad cristiana en el Comentario de San Agustín sobre el Evangelio de San Giovanni». Con una beca del Consiglio Nazionale per la Ricerca (CNR), trabajó desde 1971 en el Departamento de Ciencias Religiosas de la Universidad Católica, y mientras tanto enseñó filosofía e historia en las escuelas secundarias, incluidas la escuela secundaria científica estatal Alberto Einstein y la escuela secundaria Monforte. A partir de 1974 comenzó a colaborar con Vittorio Mathieu en la Universidad de Turín, impartiendo los seminarios de su curso; para la editorial Rusconi coordinó la serie I Classici del Pensiero, que editó textos filosóficos ético-metafísicos en ese momento casi imposibles de encontrar. En 1979, publicó dos monografías, una sobre Agostino (en colaboración con el CNR) y la otra sobre la gnosis moderna, que en 1981, después del nacimiento de su hija Isabella, futura fiscal, le valió la cátedra de Filosofía Moral en el Universidad de Trieste. Murió en Milán a los 38 años, como consecuencia de un accidente de tráfico acaecido un Viernes Santo.

Me resulta de sumo interés hablar de él además, porque en su obra ‘La metamorfosis de la gnosis’, describe la actual cultura contemporánea mayoritaria, lo políticamente correcto, el pensamiento único, etc., influenciada por una mentalidad inconscientemente gnóstica. Esta mentalidad, según Samek, asumió en sí misma las tesis fundamentales del antiguo gnosticismo, que es la negatividad sustancial del mundo, la posibilidad de redención de la oscuridad del mundo a través de un conocimiento salvífico (gnosis) y la posibilidad de una redención del mundo lograda, sin necesidad de la gracia divina, desde la única acción del hombre a través de la política y / o la ciencia. Sólo queda añadir que ese antiguo gnosticismo al que alude Samek se sabe que surge con el nacimiento del cristianismo, si es que no existía ya antes, y por lo tanto de moderno o de nuevo no tiene nada: es un fósil rancio.

A la negación del Dios del Antiguo Testamento, que para la gnosis todo lo ha hecho mal, y ha apresado al hombre en su cuerpo porque no le ama, le sigue la firme creencia, sin base científica alguna, de que uno se puede redimir a sí mismo, es decir, puede cambiar dejando absolutamente de hacer el mal si se lo propone, y por ello es capaz de implantar el Paraíso en la Tierra, la Jerusalén Terrenal. La gnosis propone que el hombre se salva a sí mismo, existiendo un hombre nuevo que se hace a sí mismo, en contra incluso de su naturaleza. La actual ideología de género, en la que el hombre rechaza el ‘Yo Soy’ de Dios y se dice a sí mismo ‘yo soy el que llegaré a ser lo que me proponga’. Samek señala que el feminismo moderno denominado de género, sólo uno de los muchos tipos que existen de feminismo aunque nos quieran hacer creer que es el único, es gnosticismo puro y duro: el hombre tras identificarse con el infinito se autoconvence de que no tiene límites. El capítulo 3 del libro del Génesis, en los relatos de la creación del hombre, explica perfectamente cómo se puede llegar a creer en esas cosas: engañado por el Diablo.

El gnosticismo se parece a la bestia del Apocalipsis, a la que la historia le ha ido cortando cabezas, pero le salen cabezas nuevas, y la gente las sigue. El gnosticismo moderno tiene como formas el reduccionismo antirreligioso, el Prometismo marxista, la filosofía radical-relativista extemdida a través de los medios, la corrupción de la memoria histórica implementada también a través de la corrupción del lenguaje ( «quien no tiene las palabras no tiene las cosas”) y finalmente en la estrategia de destrucción de la familia, que se ha visto fuertemente afectada en particular con la revolución sexual y sobre todo con el feminismo de género, el mayor enemigo de la mujer en la actualidad. Samek Lodovici afirma que precisamente a partir de la crisis posmarxista del pensamiento secularista (gnóstico), se presenta como necesidad volver a la tradición filosófica de la metafísica occidental, indicada por él en la línea de Platón, Plotino y sobre todo Agustín, obviamente en diálogo con el pensamiento moderno. Claro que para esto el Espíritu Santo vendrá en Pentecostés en nuestra ayuda y la de todo aquel que descubra esta necesidad concreta de conversión, porque si no, no hay tu tía…

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