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Católicos y científicos: Edith Stein, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Católicos y científicos: Edith Stein, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

 

El próximo 11 de febrero es la Virgen de Lourdes, y por declaración de Naciones Unidas Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Esto último surge entre otras cosas con la sana intención de visibilizar a las mujeres que han sido científicas, esperando que por imitación aumenten aquellas que en la actualidad se forman para ser tales. Con el recuerdo de Edith Stein (1891-1942) y tras encomendarnos a la Virgen de Lourdes, nos sumamos a la efeméride esperando que ganen también visibilidad aquellas científicas que, además, fueron católicas.

 

Edith Stein, la última de once hermanos, nació en Breslau el 12 de octubre de 1891, cuando su  familia judía festejaba el Yom Kippur, importante fiesta hebrea, el día de la expiación, que coincide y no por casualidad con nuestra Exaltación de la Santa Cruz. Llegado el uso de razón Edith perdió la fe en Dios. «Con plena conciencia y por libre elección dejé de rezar».

Pronto se interesó enormemente por los problemas de la mujer, tanto que formó parte de la organización «Asociación Prusiana para el Derecho Femenino al Voto». Más tarde escribía: » como bachiller y joven estudiante, fui una feminista radical. Perdí después el interés por este asunto. Ahora voy en busca de soluciones puramente objetivas».

En 1913, se fue a Gottinga a estudiar filosofía. Allí asistió a las clases de Edmund Husserl, de quien llegó a ser discípula y asistente, consiguiendo con él el doctorado. Sus discípulos entendían que en su filosofía proponía un viraje hacia lo concreto. «Retorno al objetivismo». Sin intención por su parte, Husserl llevó a muchos de sus alumnos al cristianismo precisamente por este planteamiento. En 1915 superó con la máxima calificación el examen de Estado. Edith Stein conoció allí también nada menos que al filósofo Max Scheler , y se interesó por el catolicismo. Durante la primera guerra mundial prestó servicio en un hospital militar austríaco. Tras cuya experiencia siguió a Husserl a Friburgo y en 1916 obtuvo el doctorado «summa cum laude» con una tesis «Sobre el problema de la empatía «. Por aquel entonces ocurrió algo que siempre recordaría: observó cómo una aldeana entraba en la Catedral de Frankfurt con la cesta de la compra, quedándose un rato para rezar, dejando escrito «Esto fue para mí algo completamente nuevo. En las sinagogas y en las iglesias protestantes que he frecuentado los creyentes acuden a las funciones. Aquí, sin embargo, una persona entró en la iglesia desierta, come si fuera a conversar en la intimidad. No he podido olvidar lo ocurrido». Después, el día que conoció a la esposa del asistente de Husserl en Gottinga, Adolf Reinach, después que ambos se habían convertido al Evangelio. Escribiendo sobre el encuentro diría «Este ha sido mi primer encuentro con la cruz y con la fuerza divina que transmite a sus portadores… Fue el momento en que se desmoronó mi irreligiosidad y brilló Cristo» y más tarde «lo que no estaba en mis planes estaba en los planes de Dios. Arraiga en mí la convicción profunda de que -visto desde el lado de Dios- no existe la casualidad; toda mi vida, hasta los más mínimos detalles, está ya trazada en los planes de la Providencia divina y, ante los ojos absolutamente clarividentes de Dios, presenta una coherencia perfectamente ensamblada».

Luchó por ser habilitada para ser docente, pero tal condición se le negó por ser judía de origen. Tras leer el Nuevo Testamento, a Kierkegaard y sobre todo los Ejercicios espirituales de Ignacio de Loyola, hasta llegar a la autobiografía de Teresa de Ávila. La leyó durante toda una noche: «Cuando cerré el libro, me dije: esta es la verdad». Se bautizó en 1922: «Había dejado de practicar mi religión hebrea y me sentía nuevamente hebrea solamente tras mi retorno a Dios». Se confirmó el día de La Candelaria. Dio muchas conferencias sobre todo sobre temas femeninos. Además tradujo las cartas y los diarios del período precatólico del Cardenal John Henry Newmann y la obra Quaestiones disputatae de veritate de Tomás de Aquino, en una versión muy libre por amor al diálogo con la filosofia moderna. En 1932 se le asignó una cátedra en una institución católica, el Instituto de Pedagogía científica de Münster, donde tiene la posibilidad de desarrollar su propia antropología, puesto que se le había negado en ámbitos no católicos. Finalmente entró en el monasterio de las Carmelitas de Colonia y el 14 de abril de 1934 tomó el hábito con el nombre de Sor Teresa Benedicta de la Cruz. Hizo la profesión perpetua el 21 de abril de 1938.

El 2 de agosto de 1942 llegó al monasterio de Carmelitas de Colonia el socialismo ateo de Hitler en forma de la Gestapo, siendo apresada y trasladada de inmediato al campo de concentración de Westerbork. Al amanecer del 7 de agosto salío una expedición de 987 judíos hacia Auschwitz. El 9 de agosto Sor Teresa Benedicta de la Cruz, junto con su hermana Rosa y muchos otros de su pueblo, murió en las cámaras de gas de Auschwitz.

San Juan Pablo II diría con ocasión de la beatificación de Edith Stein en Colonia, el 1 de mayo de 1987:»Nos inclinamos profundamente ante el testimonio de la vida y la muerte de Edith Stein, hija extraordinaria de Israel e hija al mismo tiempo del Carmelo, sor Teresa Benedicta de la Cruz; una personalidad que reúne en su rica vida una síntesis dramática de nuestro siglo. La síntesis de una historia llena de heridas profundas que siguen doliendo aún hoy…; síntesis al mismo tiempo de la verdad plena sobre el hombre, en un corazón que estuvo inquieto e insatisfecho hasta que encontró descanso en Dios».

 

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Sobre el autor Alfonso V. Carrascosa Santiago

Alfonso V. Carrascosa es Doctor en Ciencias Biológicas y científico del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), dedicado a la investigación en Historia y Documentación de las Ciencias Naturales en España (HISTORNAT). Coordina el Grupo de “Historia de la Microbiología Española” de la Sociedad Española de Microbiología (SEM), y realiza difusión de la cultura científica. “Como es obvio, lo manifestado en sus artículos no tiene por qué coincidir con el posicionamiento, ni reflejar los puntos de vista de las instituciones en las que desarrolla su actividad”.

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