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Opinión

Católicos y científicos: Dietrich von Hildebrandt, por Alfonso V. Carrascosa

Dietrich von Hildebrand (1889-1977), nacido en Florencia, era hijo del renombrado escultor alemán Adolf von Hildebrand. Destacado alumno de los filósofos Edmund Husserl y Max Scheler, abordó las “grandes cuestiones” –sobre la verdad, la libertad, la conciencia, la comunidad, el amor, la belleza– con una frescura que le permitió abrir nuevos caminos, especialmente en ética, pero también en epistemología, filosofía social y estética.

Su conversión al catolicismo en 1914 fue el punto de inflexión decisivo de su vida y el impulso de importantes obras religiosas. Su oposición a Hitler y al nazismo fue tan abierta que se vio obligado a huir de Alemania en 1933, y luego a través de Europa, y finalmente se instaló en la ciudad de Nueva York en 1940, donde enseñó en la Universidad de Fordham hasta 1960.

Fue autor de docenas de libros, tanto en alemán como en inglés. Fue un precursor importante del Vaticano II a través de sus escritos seminales sobre el matrimonio, la filosofía cristiana y el mal del antisemitismo.

Señalado por Benedicto XVI como uno de los filósofos más importantes del siglo XX, el Papa Emérito indicó el acierto de Von Hildebrant al poner en evidencia la fuerte base sentimentalista de los socialismos de Hitler y Stalin, generadores de los totalitarismos conocidos como nazismo y comunismo, cuyo principal error fue dar la espalda a la verdad revelada, a la verdad existente en Dios.

En su obra ‘El destronamiento de la verdad’, publicada en 1943 tras emigrar a los Estados Unidos perseguido por los nazis, proponía que, si bien en el pasado la verdad objetiva era negada por teorías como el escepticismo, el agnosticismo y el relativismo, ahora es negada por el sentimentalismo, indiferente a la cuestión de la verdad. La prueba más evidente del acierto de dicha propuesta es la teoría del género –en términos de Gustavo Bueno– o ideología de género, algo de lo que no se ha hablado hasta ahora: es evidente que la conexión de dicha ideología con las leyes que se están admitiendo tiene el común denominador del sentimiento. ‘Es lo que tú sientas, tu autopercepción interna’ se dice, como si lo que uno siente o uno autopercibe cuando es menor de edad no esté sujeto a error.

No cabe duda que una revisión de Von Hildebrandt ligada a la realidad actual lo vincula a hechos como llegar a dar por válido algo que a alguien se le pueda ocurrir como consecuencia de una sensación, de ese sentimentalismo exacerbado, de esa futbolización extrema de la vida personal. Y si hay algo importante que ciertas leyes actuales vinculan sólo a un sentimiento o autopercepción subjetiva interior, eso es sin duda la orientación sexual y lo que se conoce como cambio de sexo, algo por cierto científicamente imposible porque todas las células de nuestro cuerpo son sexuadas, es decir, masculinas o femeninas. No parece tener mucho sentido que estemos convencidos de que para juzgar o tomar decisiones trascendentales en la vida se haya que huir del sentimiento, y a la vez se legisle de espaldas a la ciencia para que personas menores de edad tengan a bien decidir como consecuencia de lo que sientan cambiar su atributos sexuales externos, sin considerar que transcurrido un cierto tiempo lo más frecuente es que cambie su percepción y/u orientación sexual, como la ciencia demuestra que ocurre en la práctica totalidad de los casos.



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