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Opinión

Católicos y científicos: Bermudo Meléndez, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Católicos y científicos: Bermudo Meléndez, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Bermudo Meléndez, catedrático de geología de la Universidad de Granada en 1944, y de Paleontología en la de Madrid (1949), autor de “Tratado de paleontología” (1947), libro donde señalaba que la única evolución posibles era la que aceptaba la intervención de Dios, Bermudo Meléndez nunca manifestó contradicción alguna entre sus creencias y la ciencia en este punto, adoptando la que aun a día de hoy es la postura oficial de la Iglesia Católica, alejada del creacionismo de ciertas sectas protestantes y de la ideología materialista.

Tuvo familia numerosa, y celebró sus Bodas de Oro en el Monasterio de el Paular. Bermudo Meléndez, presidente de la Real Sociedad Española de Historia Natural y Catedrático de Paleontología de la Universidad Complutense de Madrid, decía en la Revista IBÉRICA de Actualidad Científica (n.138 (X-73)551), en un artículo titulado “Estado actual de la teoría de la evolución”: “ Cuanto más investigamos el mecanismo del proceso de la evolución, tanto más comprendemos la realidad de la existencia de una inteligencia infinita capaz de haberlo programado todo. El Padre Teilhard de Chardin, que es actualmente el jesuita de más fama internacional en el terreno de la evolución, dice que «la evolución, como todos los procesos naturales, es un proceso sujeto a una ley que señala una dirección»”.

Bermudo Meléndez fue un neodarwinista finalista, es decir, que creía en la intervención de Dios en la transformación de las diversas formas de vida y no en la generación espontánea de la misma. De hecho advertía así de los peligros de la visión distorsionada de la realidad, de la visión sin Dios de la misma: “Queremos poner en guardia a nuestros lectores para que no se dejen arrastrar por los espejismos n por viejas teorías desacreditadas, aunque aparezcan vestidas con nuevos ropajes y con el sello “Standard” de un modernismo mal entendido, y una vez más, advertir que es inútil buscar la solución al problema transformista fuera de una teoría vitalista teísta, única que tiene la clave de la evolución orgánica, que no es otra que la misma que rige los fenómenos vitales, y que para nosotros es la Divina Providencia” (Revista Razón y Fe, 139).

No fue el único católico científico que adoptó una postura de seguimiento de la evolución, sin negar que en última instancia Dios era de quien provenía la razón, pero sobre todo el alma, tal como subrayaba la encíclica Humani Generis . Por ello considerar a la Iglesia Católica como enemiga de la teoría de la evolución, o situarla en la postura creacionista –que defiende el literalismo bíblico- es sencillamente no conocer la verdad o negarla, y sustitur la parte por el todo, en referencia a quienes desde el catolicismo se equivocaron radicalmente.

En el campo de la Teoría Evolutiva, con su  perspectiva neodarwinista y finalista, fue activo divulgador de las ideas evolucionistas en la sociedad española,  recelosa del darwinismo y de Teilhar de Chardin por considerarlas por ignorancia profunda contrarías a la creación. Con otros científicos también católicos, como Leonardi y Crusafont,  defendió y difundió la idea de la Evolución como «una ley biológica general» en su versión neodarwinista; en la introducción de la figura de Darwin en la España de los años cincuenta y sesenta y de la Teoría Sintética de la Evolución como el estadio moderno de la Paleontología.

 



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