Opinión

Católicos y científicos: Benedicto XVI, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Católicos y científicos: Benedicto XVI, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

¡Acaba de cumplir noventa años el mismísimo día de Pascua 2017! Con la salud delicada como lo es la de toda persona con una edad similar, pero la cabeza perfecta, Benedicto XVI enfila este último tramo de su vida, que Dios quiera sea muy largo, en un segundo plano, que a buen seguro nos deparará sorpresas cuando se publiquen sus nuevos estudios, ayudándonos como siempre ha ocurrido con lo que escribiera: Jesús de Nazaret, Fe verdad y tolerancia, etc. No todo lo que se ha comentado sobre él en estos días ha sido precisamente amable. En muchos casos, quienes lo hacían no hablaban de su Curriculum Vitae, muy superior al de muchos de sus acusadores. Lo comentamos si quiera sucintamente.

Ciencia es todo el conocimiento y los métodos para seguir haciéndolo crecer. Queremos conocer porque anhelamos encontrarnos con Dios. Llegado ese encuentro, la fe y la razón se complementan y la actividad científica puede incluso aumentar. Benedicto XVI sigue todavía activo en ese sentido. En 1951 fue ordenado sacerdote y comenzó su actividad de profesor. Estudió filosofía y teología en la universidad de Munich y en la escuela superior de Filosofía y Teología de Freising, doctorándose en Teología en 1953 con la tesis “Pueblo y casa de Dios en la doctrina de la Iglesia de San Agustín”. La tesis doctoral es la puesta de largo de todo científico, su primer trabajo científico valorado por científicos expertos en teología y ciencias sagradas en este caso.

En 1959 obtuvo cátedra universitaria, y presentó su estudio científico “La Teología de la Historia de San Buenaventura”. Impartió Dogmática y Teología Fundamental en la escuela superior de Filosofía y Teología de Freising, y luego en Bonn de 1959 a 1969, Münster de 1963 a 1966 y Tubinga, de 1966 a 1969, año en el que pasó a ser catedrático de Dogmática e Historia del Dogma en la Universidad de Ratisbona y viceprerector de la misma universidad. En 1962 aportó una notable contribución en el Concilio Vaticano II como consultor teológico del cardenal Joseph Frings, arzobispo de Colonia.

Famosas publicaciones suyas son “Introducción al Cristianismo”, “Dogma y revelación”, etc. Tuvo muchos cargos, o por mejor decir, servicios en la Iglesia. Obispo, Cardenal…hasta que en noviembre de 1981 san Juan Pablo II le nombró prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, presidente de la Pontificia Comisión Bíblica y de la Pontificia Comisión Teológica Internacional. Fue presidente de la Comisión para la preparación del Catecismo de la Iglesia Católica, que tras seis años de trabajo (1986-1992) pudo presentar al Santo Padre el nuevo Catecismo. El 10 de noviembre de 1999 recibió el doctorado “honoris causa” en Derecho por la Universidad italiana LUMSA. Desde el 13 de noviembre de 2000 era Académico honorario de la Pontificia Academia de las Ciencias. Fue también, antes de Papa, miembro del Consejo de la II Sección de la Secretaría de Estado, de las Congregaciones paras las Iglesias Orientales, para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, para los Obispos, para la Evangelización de los Pueblos, para la Educación Católica; del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y de las Pontificias Comisiones para América Latina y “Ecclesia Dei”.

Ha demostrado en carne propia lo de que la fe y la razón son compatibles, al menos en la Iglesia Católica. De ello es prueba palpable, ¡por muchos años Santidad, y que todos lo veamos!

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