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Opinión

Católicos y científicos: Arturo Duperier, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Católicos y científicos: Arturo Duperier, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Mi amigo Francisco Teixido Gómez me envió hace tiempo un artículo suyo sobre Arturo Duperier (1896-1959), invitándome a dedicar al personaje una de mis notas en Ecclesia. Por católico y por científico, claro, tanto el personaje, como él y yo. He tardado demasiado, lo confieso. Es fácil encontrar católicos en la hermosísima Edad Media, cuando todo el mundo era católico (gracias a Dios), que originaran ciencia universal, como Galileo por ejemplo. Pero un discípulo de Blas Cabrera, su director de tesis y miembro del elenco mitológico del laicismo, es menos frecuente a la vez que más difícil.

En plena Guerra Civil marchó a Inglaterra a realizar estudios sobre la radiación cósmica en el equipo de Patrick M. Stuart Blackett (1897-1974), Premio Nobel de Física 1948, que llegaría a escribir de él: “Durante los trece años que pasó en Inglaterra Duperier yo estuve en estrecho contacto con su trabajo, y llegué a admirarlo profundamente no sólo como científico sino como un hombre de intachable rectitud de carácter”.

En la Real Academia de Ciencias Físicas, Exactas y Naturales –ocupó el sillón que dejara vacante tras su muerte Miguel Catalán, otro mito del laicismo- dice su biografía que fue doctor en Ciencias Físicas  y Licenciado en Ciencias Químicas. Catedrático de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Madrid, encargado de la Radiación Cósmica, de cuya investigación fue pionero en España. Meteorólogo y Jefe de la Sección de Investigaciones del Observatorio Meteorológico de Madrid. Presidente de la Real Sociedad Española de Física y Química. Explicó la Guthrie Lecture, conferencia anual para conmemorar la fundación de la Sociedad Física de Londres, que tuvo lugar en la Royal Institution, y que sólo había pronunciado Einstein como extranjero, con anterioridad a él. Ideó una técnica experimental para medir las variaciones de intensidad de los rayos cósmicos al nivel del mar en el transcurso del tiempo, para la que fue subvencionado por la Universidad de Manchester. Autor de numerosos trabajos relativos al estudio de los rayos cósmicos, que fueron publicados por la Royal Society, la Physical Society, la Royal Astronomical Society, en los Anales de la Sociedad Española de Física y Química y en los Comptes Rendus de la Academia de Ciencias de París, así como de otros en menor número acerca de magnetoquímica, termodinámica de la atmósfera y electricidad atmosférica. Falleció sin haber tomado posesión de su plaza. En 1953 se le devuelve  su Cátedra de Geofísica por iniciativa de Joaquín Ruiz Giménez, para  impartir la asignatura de radiación cósmica. Volvió de su exilio londinense.

Termina su estudio Francisco Teixido Gómez diciendo: “Su vecino, el padre Bartolomé Matéu, escribió en el diario Ya un semblanza del físico de Pedro Bernardo en la que contaba su faceta humana y religiosa; ha sido reproducida recientemente en un libro de los profesores González Posada y Bru Villaseca: “Duperier era hombre piadoso. Todos los domingos y días de fiesta bajaba a oír la santa misa en nuestra capilla de los Sagrados Corazones. (…) Durante sus años de permanencia en Londres frecuentaba la iglesia regida por los carmelitas, que todavía mantienen correspondencia epistolar con el inolvidable profesor español, paisano de Santa Teresa”.

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