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Opinión

Católicos y científicos: Alonso Herrera, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Católicos y científicos: Alonso Herrera, por Alfonso V. Carrascosa, científico del CSIC

Gabriel Alonso Herrera Herrera (1470? – 1539), fue presbítero y profesor en la Universidad de Salamanca, fundada por Iglesia Católica. Se cree que nació y murió en Talavera de la Reina, pero formó parte del séquito del Cardenal Cisneros (en la imagen).

Precisamente éste encargó a Alonso Herrera la recopilación de las prácticas agrícolas para bien de los agricultores y del desarrollo de los campos españoles. El libro, escrito en Alcalá de Henares y titulado “Agricultura General” (portada en la imagen), cuya primera edición se publicó en 1513, después de varias reediciones y multitud de traducciones, constituyó hasta entrado el siglo XX un manual agrícola de primera magnitud en toda Europa. Dio nombre a un Patronato del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), de cuya fundación se cumplen ahora 75 años.

Como en tantos otros casos, estamos ante un católico, supuesto enemigo de la ciencia, del progreso, de la técnica, de la humanidad…por la ideología de lo políticamente correcto que precisamente es todo lo contrario, para pasmo de laicistas y católicos ignorantes. En su obra recopila el saber de los clásicos, y ha sido guía de otras muchas a lo largo de toda la Edad Media, llegando su influencia a propiciar una última edición revisada y aumentada en 1818 promovida por la Real Sociedad Económica Matritense.

En su prólogo las alusiones explícitas a Dios y la Iglesia son continuas. Refiriéndose a la tierra dice “…Dios la hizo perpetuamente fecunda, y le dio vigor de perpetua juventud, que ni por mucho fructificase se canse, ni por ser muy antigua pierda su fuerza…”. En referencia a su agradecimiento a Cisneros por haberle mandado escribir semejante obra comenta “…que espero en Dios se seguirá no pequeño provecho a la gente…”. Hablando de la agricultura añade que a ella “…se dieron muchos santos varones, patriarcas y profetas, y esta por su propia excelencia es a los sacerdotes por los sacros cánones permitida, ésta la heredamos de Adam, y á el Dios se la mandó; y esta propiamente nos pertenece, y a ella somos todos naturalmente inclinados, que según el Eclesiástico dice, esta Dios la crió…”. Para finalizar la introducción de semejante monumento del saber agrícola, termina diciendo “…quiera Dios ello sea tal, que yo sin vergüenza y temor ose parecer por lo haber tomado a cargo, y vuestra ilustre señoría no se arrepienta por me lo haber a mí encomendado…”, ya que se dirige a Cisneros.

Un cura que reúne los saberes clásicos árabes sobre agricultura, y recopila enciclopédicamente todo ello para bien de la humanidad, por encargo del Cardenal Cisneros, que además creó la Universidad Complutense de Alcalá de Henares de la que salió nada menos que la primera Biblia Políglota (en la imagen inferior, portada). El alcance de lo que ha supuesto el fermento católico para la humanidad es difícilmente cuantificable. Ignorarlo o quererlo ocultar es sencillamente un error. Confrontar razón y fe o Iglesia y ciencia es faltar gravemente a la verdad.

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