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Católicos y científicos: Alberto Castro Tirado

Alberto Castro Tirado (1966) es un eminente astrofísico español, además de un católico convencido. Tiene a gala no esconderlo. Suele referir, cuando es preguntado por su formación, que estudió en los agustinos de Los Olivos, donde recibió una formación integral y absolutamente conciliadora en lo que a ciencia y fe se refiere: religión en la escuela, pura y dura.

Profesor de investigación en el Instituto de Astrofísica de Andalucía del CSIC, centro vinculado a la Universidad de Málaga. En la Universidad de Granada imparte desde 2008 la asignatura de Astrofísica de Altas Energías en el Máster de Física y Matemáticas.

Aparte de la línea de Astrofísica de Altas Energías, instauró en España la línea de Astrofísica Robótica. Tiene una red global de telescopios con seis estaciones de observación repartidas desde Nueva Zelanda a México. Los próximos, en Sudáfrica y Chile. Dice Wikipedia que ha publicado más de 250 artículos en revistas especializadas como Nature o Science. Descubrió en 1992 del microcuasar galáctico y agujero negro más masivo de nuestra galaxia, GRS1915+105, con el satélite Granat, y en 1999 de la explosión cósmica de rayos-gamma que marcaba el nacimiento de un nuevo agujero negro en el Universo y confirmación de la existencia de emisión colimada (en forma de chorro) con telescopios en Calar Alto (Almería) y en otros, y en 2007 una nueva estrella de neutrones en nuestra Galaxia sorprendida en una fase de transición entre los magnetares y las estrellas de neutrones. Recibió el Premio Holanda de Investigación para jóvenes científicos e inventores menores de 21 años, Primero en Fase Nacional, Madrid, 1987, y segundo en Fase Internacional, París, 1987, y el Premio Descartes, de la Unión Europea por el trabajo realizado en el campo de los estallidos cósmicos de rayos gamma en el ámbito de proyectos de colaboración en el marco de la UE en 2002.

En entrevista publicada en la Diócesis de Málaga en 2010 decía cosas como ésta: “Ciencia y fe no tienen porqué ser incompatibles. Aunque no lo manifestemos, muy pocos de los grandes científicos son declaradamente ateos y muchos de ellos tienen un sentido de la religiosidad que se basa en el orden grandioso que percibimos en el Universo cuando lo estudiamos. En algunos campos científicos vemos que la ciencia no puede dar una respuesta satisfactoria. En mi caso concreto, por ejemplo, en cuanto al origen del Universo. Ahí, muchos de nosotros vemos la existencia de un Creador…Ningún científico puede presumir estar en posesión absoluta de la verdad…La fe me hace buscar la justicia, la humildad, me hace afrontar el trabajo con profesionalidad e intentar hacer bien al prójimo en la medida de mis limitaciones. ¡Ojalá y muchas personas tuvieran la oportunidad de encarar la vida como lo hacemos los cristianos!”.

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