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Opinión

Católicas y científicas: Laura Iglesias, por Alfonso V. Carrascosa, científico del MNCN-CSIC

CATÓLICAS Y CIENTÍFICAS: LAURA IGLESIAS

Alfonso V. Carrascosa, científico del MNCN-CSIC.

 En pleno Año Internacional de la Luz 2015, presentamos un hecho concreto que demuestra que ciencia y religión son compatibles en plena actualidad: la vida de una pionera de la química-física española, que vive su fe según el carisma del Camino Neocatecumenal, surgido en el seno de la Iglesia Católica

  Química experta en espectroscopía atómica, ha desarrollado la mayor parte de su actividad científica en el Instituto de Óptica “Daza de Valdés” del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (C.S.I.C.), y su actividad docente en la Universidad Complutense de Madrid.

 La zamorana Laura Iglesias (Benavente, 1926) nació en el seno de una familia católica de ocho hermanos. Trasladados a Madrid, obtuvo el título de maestra de Primera Enseñanza – profesión que ejerció varias provincias-, el título de Perito Mercantil, y por fín el de licenciada en Ciencias Químicas (1950) doctorándose con posterioridad con Premio extraordinario (1953). La tesis se la dirigió nada menos que Miguel Catalán –auténtica leyenda de la Edad de Plata- que la envió con beca a Estados Unidos a la Universidad de Princeton (Nueva Jersey), donde habían trabajado varios premios Nobel, Albert Einstein entre ellos. Allí trabajó desde octubre de 1958 a febrero de 1959. Sorprendentemente no había mujeres en el claustro, ni en todo el campus, salvo la profesora de ruso. A ella la invitaban a té las esposas de los profesores y le preguntaban “¿Y su marido de qué da clase?”, quedándose de plástico cuando les contestaba que era científica. Los espectroscopios que utilizó tenían la posibilidad hacer fotografías, cosa que hizo, permitiendo así generar un valioso material que luego era utilizado en España para continuar la investigación y hacer tesis doctorales. Después se trasladaría a Washington, para trabajar contratada en el National Bureau of Standards (marzo a mayo de 1959). Tras rechazar varias ofertas volvió a España, vinculándose de nuevo al CSIC donde alcanzó la máxima categoría científica en 1971. En 1963 obtuvo el diploma de traductor de Inglés, y en 1965, el de traductor de Francés.

Su actividad científica en el CSIC, se dedicó a la obtención y observación de espectros de elementos de transición de interés astrofísico, útiles para conocer el movimiento de las estrellas, y otros elementos pesados del sistema periódico. En los espectros determinaba los valores de sus niveles de energía, el origen energético de sus líneas, el potencial de ionización del ión correspondiente, así como las configuraciones electrónicas previstas teóricamente en cada caso y sus interacciones entre sí, especializándose en espectroscopía atómica con especial dedicación a términos espectrales, configuraciones electrónicas . Así describió entre otros los espectros del niobio II y III, vanadio II, oro III, rodio III, molibdeno III y V, tungsteno IV, y manganeso II, estudio éste por el que la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales le concedió en 1964 el Premio González Martí. Sus trabajos han sido publicados en importantes revistas científicas de prestigio internacional, y presentados a multitud de congresos nacionales e internacionales organizados por la Real Sociedad Española de Física, la European Group for Atomic Spectroscopy en los que ha sido invitada a presidir sesiones y dar conferencias.

En cuanto a la actividad docente, fue profesora ayudante (agosto 1953-julio 1957) y profesora adjunta de Estructura Atómico-Molecular y Espectroscopía de la Universidad Complutense de Madrid, tal y como figuraba en su contrato, por amor al arte, es decir, sin cobrar, lo cual equivaldría a lo que en la actualidad se denomina profesor honorario. Se ha instituido un premio a la divulgación científica que lleva su nombre, otorgado por la Consejería de Igualdad de Oportunidades de la Junta de Castilla León, en colaboración con el Museo de la Ciencia de Valladolid. Desde su jubilación en 1992, que según ella misma terminó con la escuela de espectroscopía atómica de Madrid fundada por Miguel Catalán, vive en Madrid, donde ha sido entrevistada en varias ocasiones y cedido material de su archivo personal para poder hacer este artículo.

 Habiendo recibido las catequesis del Camino Neocatecumenal por el propio Kiko Argüello en San Antonio de la Florida (Madrid), terminó en la parroquia de Santiago (Madrid) dicho itinerario. Al ser preguntada sobre la compatibilidad entre ciencia y fé, no duda en afirmar que no sólo son compatibles, si no que se complementan, como Benedicto XVI en consonancia con todo el Magisterio de la Iglesia afirmó en El Escorial frente a los profesores universitarios en la JMJ 2011, y que nunca su actividad científica fue obstáculo para ella, que desde chiquitita fue católica practicante.

Bibliografía

Entrevista personal.

Mª. J. Santesmases, La otra mitad de la ciencia: exposición, Instituto de la Mujer, Ministerio de Trabajo, Madrid, 2001; J. M. sánchez ron, “El exilio interior de Miguel Catalán”, en J.Mª. balcells y J.A. pérez

(eds.), El exilio cultural de la Guerra Civil, 1936-1939, págs. 175-185, Universidad de Salamanca, Salamanca, 2001.

 

 



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