Carta del Obispo Iglesia en España

Castidad y sexualidad, carta de Ángel Rubio, obispo de Segovia

Mons. Ángel Rubio Castro
Mons. Ángel Rubio Castro

Castidad y sexualidad, carta de Ángel Rubio, obispo de Segovia

La castidad no es una forma de reprimir o inhibir la sexualidad, sino que es la capacidad por la que una persona, de manera consciente y decidida, asume su sexualidad y la orienta para realizar su vocación al amor en cualquier estado de vida.

La castidad implica el dominio de sí y ayuda a vivir sexualidad como expresión y compromiso de amor. Es una forma de libertad y una fuente de verdadera alegría, que se alcanza por la gracia de Jesucristo.

Para los jóvenes, la castidad es un camino de maduración. Supone superar el propio egoísmo, ser capaz de sacrificio por el bien propio y el de los demás, buscar un ideal elevado. Es una excelente preparación para el matrimonio según el plan de Dios y para la consagración por el Reino de los Cielos.

El Catecismo de la Iglesia Católica ha procurado hacer un desarrollo positivo del precepto especialmente en este mandamiento, tan afectado por las críticas a su talante negativo y represor. De ahí que se comience afirmando que «Dios inscribe en la humanidad del hombre y de la mujer la vocación y, consiguientemente, la capacidad y responsabilidad del amor y de la comunión» (n. 2331).

Se hace también un desarrollo positivo de la sexualidad y de la diferencia de sexos, que son vistos como «complementarios» y no como opuestos o en lucha, a la vez que se insiste en la igual dignidad de ambos. Otro elemento novedoso es introducir en este mandamiento el concepto de castidad y elogiar la vocación de la misma.

Sobre la homosexualidad, el juicio es negativo, pero con una actitud recomendada de compasión, respeto y delicadeza hacia los que la padecen.

En cuanto al amor de los esposos, las relaciones sexuales entre ellos se califican de «signo de la comunión espiritual» y, por tanto, algo positivo y santo, aceptando que la sexualidad es por sí misma positiva en cuanto que es «fuente de alegría y de agrado» (n. 2362).

Los jóvenes, antes de llegar al matrimonio, se preparan para vivir un día el amor humano auténtico y responsable. Para ello aprenden a usar de la sexualidad tal como Dios quiere, y no como fin en sí misma.

La educación de la sexualidad nos permite encontrar sentido al amor y a la entrega a otra persona en orden a formar una familia y nos ayuda a ser cada día más dueños de nosotros mismos, y por lo tanto, más personas.

Un amor casto es un amor que resiste a todas las fuerzas, internas y externas, que quieren destruirlo. Es casto quien asume conscientemente su sexualidad y la integra bien en su persona. Castidad y continencia no son lo mismo. También quien tiene una vida sexual activa dentro del matrimonio debe ser casto. Una persona actúa castamente cuando su acción corporal es expresión de un amor seguro y fiel.

No hay que confundir castidad con mojigatería. Un hombre que es casto no es juguete de sus deseos, sino que vive conscientemente su sexualidad a partir del amor y como expresión del mismo. La impureza debilita el amor y oscurece su sentido. La sexualidad, en la que expresa la pertenencia del hombre al mundo corporal biológico, se hace personal y verdaderamente humana cuando está integrada en la relación de persona a persona, en el don mutuo total y temporalmente ilimitado del varón y de la mujer. La castidad es una virtud moral. Es también un don de Dios, una gracia, un fruto del trabajo espiritual.

 

                                                               + Ángel Rubio Castro

                                                                  Obispo de Segovia

GD Star Rating
loading...
GD Star Rating
loading...
Print Friendly, PDF & Email