Carta del Obispo Iglesia en España

Cartas del arzobispo de Zaragoza, Manuel Ureña, para la Semana de Oración por la unidad de los cristianos

Manuel-Ureña-Pastor
Mons. Manuel Ureña Pastor

En plena celebración del octavario de oración por la unidad de los cristianos

En el hemisferio norte, la Semana de oración por la unidad de los cristianos (=SOUC) se celebra tradicionalmente del 18 al 25 de enero. Estas fechas fueron propuestas en 1908 por Paul Watson para cubrir el período entre la fiesta de San Pedro y la de San Pablo, que tienen un significado simbólico.

Como bien sabemos, desde 1968, los temas de reflexión a desarrollar durante esta semana son elaborados conjuntamente por la comisión “Fe y Constitución” del Consejo Ecuménico de las Iglesias y por el Pontificio Consejo para la unidad de los cristianos. Pues bien, los mentados organismos servidores del octavario invitaron esta vez al Movimiento estudiantil cristiano de la India, que cumple ahora el centenario de su fundación, a preparar los materiales para la SOUC 2013. A su vez, dicho movimiento hizo participes del encargo recibido a la Federación Universitaria Católica de toda la India y al Consejo Nacional de las Iglesias en la India. Por último, durante el proceso preparatorio, al reflexionar sobre el significado de la  SOUC, se vio que en un contexto de gran injusticia, como es el caso de los dalits en la India, la búsqueda de la unidad visible de la Iglesia no puede disociarse de la superación del sistema de castas allí existente y del reconocimiento de las aportaciones a la unidad por parte de los más pobres entre los pobres.

 

En efecto, ¿cómo va a ser posible que crezca en la India la conciencia de la necesidad de la unión de las Iglesias cuando se asiste allí a una situación social de absoluta falta de unidad entre las personas y, más todavía, cuando, por la vigencia del sistema de castas, un determinado grupo social, los dalits, es marginado socialmente, se encuentra infrarrepresentado desde el punto de vista político, es explotado económicamente y está subyugado en todos los órdenes?

 

Es cierto que no tiene razón Marx cuando afirma que la infraestructura económica y social “determina” (bestimmt) la conciencia. Pero, si no la determina, por lo menos sí la “condiciona” (bedingt). Por tanto, es muy oportuno señalar que el apartheid, el racismo y el nacionalismo plantean serios retos para la unidad de los cristianos y, por consiguiente, para la credibilidad del testimonio moral y de la fe de la Iglesia como único cuerpo de Cristo.

Se comprende así que, en este contexto, los materiales para la SOUC nos inviten este año a profundizar en el texto del libro del profeta Miqueas 6, 6-8. Tal texto centra nuestra atención, como veremos enseguida, en qué nos exige fundamentalmente Dios cuando tratamos de responder a su llamada.

El referido texto de Miqueas dice en la versión de la BTI, perfectamente coherente con la traducción católica de la Sagrada Escritura: “¿Con qué me presentaré al Señor y me postraré ante el Dios de lo alto? ¿Me presentaré ante Él con holocaustos, con novillos que tengan un año? ¿Agradarán al Señor miles de carneros? ¿Le complacerán acaso diez mil ríos de aceite? ¿Le entregaré a mi primogénito por mi delito, el fruto de mis entrañas por mi pecado? Se te ha hecho conocer lo que está bien, lo que el Señor exige de ti, ser mortal: tan sólo respetar el derecho, practicar con amor la misericordia y caminar humildemente con tu Dios”.

En este pasaje fácilmente se observa que el profeta Miqueas coloca la justicia y la paz en el marco de la relación con Dios. Dicho con otras palabras, el profeta recuerda al pueblo que Dios lo ha salvado de la esclavitud en Egipto y que lo ha llamado, a través de la alianza, a vivir en una sociedad construida sobre la base de la dignidad, de la igualdad y de la justicia. Por tanto, Miqueas concluye que la verdadera fe en Dios, una y única, no se puede separar de la santidad personal ni de la búsqueda de la justicia social, pues una y otra vienen internamente exigidas por el culto, por los sacrificios y por los holocaustos (cf Miq 6, 8).

El octavario por la unión de las Iglesias nos recuerda, pues, este año que el trabajo por la unidad de los cristianos exige luchar por hacer posible la experiencia de la comunión social, política, cultural y económica entre los hombres. Esta comunión influye en la comunión religiosa y la facilita.

En efecto, si en la experiencia diaria no observamos en nuestro derredor la vigencia de la comunión social, sino, más bien, el hecho de la división y de la opresión ejercida por unos respecto de los otros, – lo que ocurre en la India con los ultrajes perpetrados por las castas con los dalits,- ¿cómo se va a sentir la necesidad de caminar hacia la confesión de la única y misma fe?

Por otra parte, subsiste la necesidad de seguir luchando directamente por alcanzar la confesión de la verdadera fe, una y única, pues la fe verdadera, que es la que se completa por la caridad, nos urge desde su contenido más hondo a superar todas las castas, las de Oriente y las de Occidente, y a llegar a ser todos como una sola alma y como un solo corazón. En esto consiste la relación interactiva existente entre estructura y conciencia.

+Manuel Ureña

Arzobispo de Zaragoza

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