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Cartagena: Santa Teresa de Calcuta, “generosa dispensadora de la misericordia divina”

Cartagena: Santa Teresa de Calcuta, “generosa dispensadora de la misericordia divina”

El Papa Francisco canonizó el pasado domingo a Madre Teresa, una mujer que ha sido ejemplo para muchas personas que, como ella, lo han dejado todo para servir a los más pobres.

En 1950 la beata Madre Teresa de Calcuta fundó las Misioneras de la Caridad, una orden dedicada al cuidado de los más pobres de entre los pobres, desde una vida contemplativa en lo activo, con la oración intensa como base de toda su labor pastoral. A día de hoy son más de 4.000 las monjas de esta congregación que se reparten en más de 130 países de todo el mundo. Además, esta orden cuenta con una rama contemplativa de hermanas, también una masculina de hermanos y los Padres Misioneros de la Caridad.

Madre Teresa falleció el 5 de septiembre de 1997 y el 19 de octubre de 2003 fue beatificada por San Juan Pablo II, quien en la misa de beatificación dijo de ella: “Veneremos a esta pequeña mujer enamorada de Dios, humilde mensajera del Evangelio e infatigable bienhechora de la humanidad. Honremos en ella a una de las personalidades más relevantes de nuestra época. Acojamos su mensaje y sigamos su ejemplo”.

El pasado domingo, miles de personas se congregaron en la plaza de la basílica de San Pedro de Roma para asistir a la canonización de Madre Teresa. El Papa Francisco la definió como la “generosa dispensadora de la misericordia divina”, ejemplo para todos los voluntarios: “La misericordia ha sido para ella la «sal» que daba sabor a cada obra suya, y la «luz» que iluminaba las tinieblas de los que no tenían ni siquiera lágrimas para llorar su pobreza y sufrimiento”.

Acción de gracias por la canonización de Madre Teresa de Calcuta

Los laicos Misioneros de la Caridad de la Diócesis de Cartagena, junto a las religiosas, han organizado un calendario de actos con motivo de la canonización de Madre Teresa de Calcuta.

El lunes, con motivo de la primera fiesta de Santa Teresa de Calcuta, se celebró una Eucaristía en la parroquia de Santiago el Mayor en Murcia. Y este próximo viernes, 9 de septiembre, a las 19:30 horas, se celebrará una Misa de acción de gracias por la canonización de la fundadora de las Misioneras de la Caridad, en la Catedral, presidida por el Obispo de la Diócesis de Cartagena.

El legado de Teresa de Calcuta en la Diócesis de Cartagena

Leprosos, enfermos de SIDA, niños huérfanos o abandonados, ancianos, prostitutas, enfermos mentales… Son muchas las personas a las que ayudan desde el carisma de servicio a los más pobres de Madre Teresa.

La vida de la beata ha hecho que miles de hombres y mujeres se hayan enamorado de su carisma. “Lo hago por Jesús, Él es mi todo”. Así explicaba Madre Teresa la principal motivación de su vida. Una motivación que mueve también a Francisco José Fernández García. Él es sacerdote de la Diócesis de Cartagena, pero con un carisma misionero de la caridad. Desde muy pequeño sintió atracción hacia la persona de Madre Teresa, pero fue cuando entró en el seminario cuando se convirtió en su referente vocacional y espiritual. En cuarto curso hizo una experiencia con los Padres Misioneros de la Caridad en Roma; 15 días viviendo con ellos y como ellos. Una experiencia que le hizo ver que su vocación como sacerdote diocesano tenía una espiritualidad muy marcada: “una entrega hacia los más pobres y hacia los más necesitados”.

Eso unido a un símbolo, una cruz que los Padres Misioneros de la Caridad suelen llevar; la cruz de la unidad, en la que se ve a la Virgen María a los pies de la cruz con un cáliz en la mano recogiendo la sangre del costado de Cristo. “Mi vocación también es esa, saciar la sed de Cristo, y como María estar a los pies de la cruz, sosteniendo el cáliz, recogiendo la sangre que Cristo derrama para después llevarlo a aquellos que todavía no lo conocen”.

Ser sacerdote diocesano con la espiritualidad de las misioneras de la caridad le ha ido configurando “en la manera de rezar, la confianza en la providencia, el sentirme instrumento en las manos de Dios, en el día a día. Eso ayuda y sustenta el sacerdocio”.

Apoyo vocacional

Jaime Palao Rubio, seminarista de tercer curso del Seminario San Fulgencio, sonríe nada más nombrar a las Misioneras de la Caridad, con quienes estuvo de pastoral el pasado curso. Unos meses que cambiaron su vida por completo. “Hay cosas que no se pueden explicar con palabras, son esos pequeños misterios que sólo se entienden si tienes al Señor detrás –cuenta emocionado Jaime–. Lo hacen todo muy pequeño, pero con una delicadeza y un amor inmenso”.

Este tiempo de pastoral le ha hecho descubrir en los más pobres la humanidad, “con la mirada de Madre Teresa me he dado cuenta de que realmente todos somos hijos de Dios, por igual”. Una experiencia de encuentro con el carisma de las misioneras de la caridad que a este seminarista le ha hecho ver que “merece la pena, para ellas ser religiosas y para mí ser sacerdote, porque desde nuestro lugar podemos hacer cosas grandes por Dios”.

El testimonio en las familias

El encuentro con la espiritualidad y la vida de la beata Madre Teresa de Calcuta ha fortalecido también la fe de muchas familias de las que han salido Misioneras de la Caridad.

Virtudes Hernández es madre de una de ellas. Nunca pudo imaginar que su hija lo dejaría todo por los más pobres entre los pobres. “Ella era una chica de mundo, tenía novio, estaba trabajando… y para nada imaginábamos eso”. Pero poco a poco ella empezó a ir con las hermanas y a otros centros de caridad de Murcia. “Cuando llegaba a casa yo le decía: ‘¿Pero de dónde vienes?’ Y ella me contestaba: ‘¿Vengo de hacer lo que tengo que hacer?’ Y no me decía nada más”, recuerda Virtudes. Una vida entregada a los necesitados a la que puso nombre tras la Jornada Mundial de la Juventud de Sydney en 2008, cuando en un encuentro con Kiko Argüello se levantó a una llamada a la vida religiosa. Tenía, entonces, 22 años.

Natalia sin embargo, tenía 29 años cuando dio el paso. Esta joven cartagenera comenzó su camino como misionera el 8 de septiembre de 2014. Fue un proceso bastante largo que empezó en 2006, cuando se dio cuenta de que su vocación era ser religiosa. Desde entonces estuvo buscando su lugar, mientras seguía con su vida como maestra, conociendo distintas congregaciones y órdenes. Hasta que la invitaron a una misa con las Misioneras de la Caridad, y desde entonces Madre Teresa aparecía siempre en su camino a través de frases, imágenes…. Hasta que en un cumpleaños le regalaron el libro “Ven, sé mi luz”, y tras leerlo se dio cuenta de que esa era su vocación.

El testimonio de las dos religiosas es una ayuda espiritual para sus familias, y ha marcado mucho sus vidas. “Cuando ves que una persona lo ha dejado todo y tú que no eres capaz de dejar nada, verla te da una fuerza enorme. Porque ha dejado su casa, a sus padres, su trabajo… Eso te cambia la vida. Te hace mirar con más amor, porque es lo que vemos en ella. Nos enseña, a toda la familia, todos los días, a no quejarnos cuando nos damos al otro”, cuenta Virtudes.

Un sentimiento muy similar al de la hermana de Natalia, Gemma García: “Cuando tomó su decisión nos quedamos llorando, porque fue muy duro, pero la apoyamos en todo momento. Estamos tranquilos al verla feliz, porque está donde quiere y su sonrisa es permanente. Para mí ha sido un ejemplo de valentía, fortaleza y seguridad. A mis padres, su testimonio, los ha acercado a la Iglesia y a algunos amigos los ha hecho plantearse muchas cosas”.

Estas vocaciones han hecho que ellas y sus familias se acerquen más a la figura de Santa Teresa de Calcuta. “Cuando entró mi hermana –cuenta Gemma– empecé a leer más sobre Madre Teresa, y fui entendiendo todo lo que sentía Natalia y a comprender por qué lo hizo. Esto me ha unido también más al carisma de las Misioneras”. Por su parte, Virtudes asegura que ahora Madre Teresa forma parte de sus oraciones, a la que pide como intercesora de ella y su familia.

Santa Teresa de Calcuta

“De sangre soy albanesa. De ciudadanía, India. En lo referente a la fe, soy una monja católica. Por mi vocación, pertenezco al mundo. En lo que se refiere a mi corazón, pertenezco totalmente al Corazón de Jesús”. Así se auto definía la Madre Teresa de Calcuta, fundadora de las Misioneras de la Caridad.

Agnes Gonxha Bojaxhiu, que así era su nombre de pila, nació en 1910 en Skopje, entonces Albania y actualmente Macedonia. A los 18 años se hizo religiosa y tomó de nombre Teresa por la patrona de los misioneros, Teresa de Lisieux. Fue religiosa de las Hermanas de Loreto, en Irlanda, y poco después fue a Calcuta donde estuvo como maestra. En 1948, tras un largo discernimiento, decidió dedicar su vida a los enfermos y los pobres de la ciudad de Calcuta. Fue entonces cuando fundó la congregación. Quería ayudar a los marginados de la sociedad, a los enfermos y a los pobres. El 5 de septiembre de 1997 fallecía en India.

Carisma

Servicio libre y de todo corazón a los más pobres entre los pobres. Es el cuarto voto que las Hermanas Misioneras de la Caridad realizan, y que marca totalmente el carisma de estas religiosas. Fue instituido por la Madre Teresa de Calcuta, que se suma a los votos habituales: pobreza, obediencia y castidad. Un voto centrado en la atención y la entrega a los pobres.

A lo largo del día las Misioneras dedican varias horas a la visita de los pobres, al estudio y a la oración. La fundadora de las Misioneras de la Caridad invitaba a las religiosas a hacer hincapié en la oración para llenarse de Jesucristo y así poder ver su rostro en los pobres.

Cada día, a las cinco de la mañana, comienza la jornada para ellas, para poder hacer oración durante un par de horas antes de comenzar las tareas diarias. Decía Madre Teresa: “El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz”.

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