Carta del Obispo Iglesia en España

Carta semanal del obispo de la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara: la fe es amiga de la razón

atilano

En algunos ámbitos de la sociedad actual está muy extendida la convicción de que sólo son admisibles aquellas cosas que son demostrables científicamente. Partiendo de esta visión de la realidad, habría que llegar a la conclusión de que la religión y las convicciones religiosas no tienen sentido, puesto que serían incompatibles  con la razón y con los descubrimientos científicos.

Quienes sostienen que sólo existe aquello que es demostrable científicamente, seguramente no se han parado a pensar que la razón humana tiene distintos usos y, por tanto, lo irracional sería reducirla a un solo uso.  Lo que no se ajusta a la razón científica o la supera no es irracional, pues todos sabemos muy bien que existen distintas dimensiones de la persona, en las que nos jugamos el presente y el futuro de la existencia, para las que no habría respuestas convincentes al no ser demostrables con argumentos científicos.

Además, si reducimos la actividad de la razón humana solamente a los conocimientos científicos, nos veríamos obligados a relegar a un segundo plano el conocimiento ordinario. Y, sin embargo, este tipo de conocimiento nos dice que el conocimiento científico tiene muy poca importancia cuando se trata de responder a las preguntas últimas de la existencia humana, como pueden ser el sentido de la vida, el porqué de la muerte y el más allá de la existencia terrena.

La experiencia nos dice que las respuestas convincentes a estas preguntas, que todo ser humano tiene que plantearse en algún momento de la existencia, sólo pueden encontrarse en las creencias y en las experiencias religiosas vividas por cada uno a lo largo de la vida. Estas convicciones de fe pueden no ser demostrables científicamente, pero considero que esto no debe preocuparnos demasiado pues la ciencia sólo puede responder al “cómo” de las cosas, pero no la “porqué” de las mismas.

 

De acuerdo con lo dicho hasta aquí, queda claro que la persona no debe cesar de buscar respuestas racionales a los problemas e interrogantes que la vida le plantea. Pero, al hacerlo, ha de tener muy presente que la fe no es ningún obstáculo a la hora de encontrar respuestas a estos interrogantes. Al contrario, la fe estimula e impulsa a la razón a plantearse las cuestiones más profundas que afectan al sentido último de la existencia humana.

 

En estos momentos, en los que tantas personas están descubriendo las maravillas arquitectónicas del templo de la Sagrada Familia de Barcelona, resulta especialmente elocuente el testimonio del arquitecto Gaudí. Cuando sus colaboradores le preguntaron si quería que se presentase la virtud de la fe con los ojos abiertos o cerrados, él, desde la hondura de sus convicciones religiosas, respondió: “Dejadla con los ojos abiertos. La fe no nos impide pensar, eleva nuestra inteligencia y nos invita a utilizarla”.

 

Con mi bendición, pido al Señor que nos ayude a todos a descubrir la complementariedad entre la fe y la razón  para profundizar en el conocimiento de Dios.

 

+ Atilano Rodríguez, Obispo de Sigüenza-Guadalajara

 

 

 

 

 

 

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