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Carta por el diaconado permanente del obispo de León, Julián López Martín

Carta por el diaconado permanente del obispo de León,  Julián López Martín

Jornada diocesana del diaconado permanente: “Al servicio de la fe” (Domingo V de Pascua: 28-IV-2013)

Queridos diocesanos: Hace cuatro años, el 10-V-2009, tenía lugar por primera vez en León una Jornada diocesana unida al Domingo V de Pascua o de los Ministerios, dedicada a orar y dar a conocer el Diaconado Permanente, ministerio recuperado por el Concilio Vaticano II (cf. LG 29) y establecido por el Siervo de Dios Pablo VI en 1967. Mi predecesor Mons. Antonio Vilaplana lo introdujo en la diócesis en 1997 a raíz del Sínodo Diocesano. El primer y todavía hoy único diácono permanente que tenemos, D. Francisco Viñuela, recibía la ordenación aquel mismo año. Posteriormente yo creé una comisión para promover vocaciones a este ministerio y para que se ocupara de la formación de los candidatos. Pero hasta el año 2010 no se publicó el Plan de formación para el Diaconado Permanente en la diócesis de León, en vísperas de la II Jornada que tuvo lugar el día 2 de mayo. Según este plan la preparación de los futuros diáconos permanentes, después de un periodo propedéutico, se desarrolla en tres cursos, al término de los cuales se recibe la ordenación. La III Jornada, al servicio de la comunión, el 22 de mayo de 2011, nos encontraba ya con varios candidatos. En 2012 la IV Jornada, al servicio de los pobres, se celebró el día 6 de mayo; y el día 22 de junio realizábamos la admisión al ministerio ordenado de dos candidatos y la institución como lectores de otros dos.

 

En vísperas de la V Jornada ya, doy gracias a Dios porque sin su ayuda nuestros trabajos pastorales serían estériles, a la vez que agradezco a los miembros de la comisión su compromiso y tarea, cada uno de ellos, en un área formativa: periodo propedéutico, formación espiritual, formación intelectual y formación pastoral, y a cuantas personas colaboran con ellos. Al final del presente curso tendrá lugar la admisión al ministerio de un nuevo candidato, la institución de dos como lectores y de otros dos como acólitos. Pero no contamos con más. ¿A qué se debe la penuria vocacional también en este ámbito? Suscitar, promover y animar posibles vocaciones al Diaconado Permanente compete a todas las comunidades eclesiales y a sus primeros responsables, los sacerdotes. Mi llamada a su inquietud apostólica y a la de todos los fieles no está menos motivada que cuando se trata del ministerio sacerdotal. Recuérdese el aviso del Señor ante la actitud pasiva de aquel siervo que en lugar de hacer producir el “talento” que recibió, lo guardó sin más.

 

La próxima V Jornada diocesana del Diaconado Permanente, el domingo día 28 de mayo, es una nueva oportunidad para despertar de esta especie de letargo vocacional. Estará dedicada al diaconado “Al servicio de la fe”, puesto que estamos en el Año de la Fe. Todos los ministerios ordenados y de manera especial el diaconado responden al mandato evangelizador del Señor: “proclamad el Evangelio”; “haced discípulos… enseñándoles” (Mc 16, 15; Mt 28, 26). De esta actividad surge la fe y se alimenta en todos los creyentes. Lo sabía muy bien San Pablo cuando escribió: “La fe nace del mensaje que se escucha, y la escucha viene a través de la palabra de Cristo” (Rm 10,17).  Pero, el Apóstol añadía: “¿cómo creerán en aquel de quien no han oído hablar?; y ¿cómo van a oír sin nadie que anuncie?” (Rm 10, 14). La conclusión es evidente y perentoria: necesitamos hombres para la misión evangelizadora y pastoral, presbíteros, diáconos, catequistas… El diaconado permanente tiene la característica de ser compatible con el matrimonio y con el ejercicio de una profesión civil, pero con la estabilidad propia del presbítero y semejante a la disponibilidad de los catequistas.

 

Con mi cordial saludo y bendición:

+ Julián, Obispo de León



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