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Cartas de los obispos

Carta Pastoral: «Venga a nosotros tu Reino», por Julián Ruiz Martorell

Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

Los números 2816 a 2821 del Catecismo de la Iglesia Católica explican el significado de esta expresión. El término griego “basileia” en el Nuevo Testamento puede indicar “realeza” (nombre abstracto), “reino” (nombre concreto) o “reinado” (de reinar, nombre de acción).

El Reino de Dios es lo más importante para los cristianos: “Se aproxima en el Verbo encarnado, se anuncia a través de todo el Evangelio, llega en la muerte y la Resurrección de Cristo. El Reino de Dios adviene en la Última Cena y por la Eucaristía está entre nosotros. El Reino de Dios llegará en la gloria cuando Jesucristo lo devuelva a su Padre” (CEC 2816).

San Cipriano escribe: “Incluso […] puede ser que el Reino de Dios signifique Cristo en persona, al cual llamamos con nuestras voces todos los días y de quien queremos apresurar su advenimiento por nuestra espera. Como es nuestra Resurrección porque resucitamos en él, puede ser también el Reino de Dios porque en él reinaremos” (CEC 2816)”.

Jesucristo es el Reino en persona y Él lo anuncia y lo instaura con sus palabras, con sus obras y con su silencio. Cuando rezamos diciendo: “Ven, Señor Jesús”, llamamos a voces a Cristo para que apresure su venida definitiva, la llegada de su Reino.

En el Padrenuestro rezamos para que llegue “la venida final del Reino de Dios por medio del retorno de Cristo” (CEC 2818). No obstante, “este deseo no distrae a la Iglesia de su misión, más bien la compromete” (ibid.), puesto que, desde Pentecostés, “la venida del Reino es obra del Espíritu del Señor “a fin de santificar todas las cosas llevando a plenitud su obra en el mundo”” (ibid.).

El Reino de Dios es “Reino eterno y universal: el Reino de la verdad y de la vida, el Reino de la santidad y la gracia, el Reino de la justicia, el amor y la paz” (Prefacio de Jesucristo, Rey del Universo).

Solamente un corazón puro puede decir con seguridad: “¡Venga a nosotros tu Reino!” (cf. CEC 2819).

El discernimiento según el Espíritu nos permite “distinguir entre el crecimiento del Reino de Dios y el progreso de la cultura y la promoción de la sociedad en las que están implicados. Esta distinción no es una separación. La vocación del hombre a la vida eterna no suprime, sino que refuerza su deber de poner en práctica las energías y los medios recibidos del Creador para servir en este mundo a la justicia y a la paz” (CEC 2820).

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+ Julián Ruiz Martorell
Obispo de Huesca y Jaca



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