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Cartas de los obispos

Carta Pastoral: «Tres Papas, siempre Pedro, que han marcado mi comunión afectiva con Pedro», por Francisco Cerro

El Papa Juan Pablo II marcó mi juventud de seminarista. El Papa misionero, de las certezas de la Fe. Tuve a lo largo de mi vida sacerdotal muchas oportunidades de encontrarme con Él. En las jornadas de la juventud, mis estudios en Roma y tres audiencias, una de ellas con don Marcelo. Después fueron muchas concelebraciones, donde se reflejaba su profundo amor a la Eucaristía, a la Iglesia, a la nueva evangelización.

Del Papa polaco me ayudó siempre su llamada a no tener miedo a abrir las puertas del corazón a Cristo. Él veía que el gran problema de la humanidad es el relativismo moral. Donde todo vale, no vale nada. Fue capaz de luchar con la vida contra los dos grandes totalitarismos que han desangrado a la humanidad: marxismo y nazismo. Ambos han demostrado en la practica que un humanismo sin Dios acaba siendo inhumano porque se vuelve contra el hombre.

Fue el Papa Benedicto el que me nombró obispo. Fueron muchas las veces que me encontré con un Papa que siempre me conmovió por su maestría en la fe y por su sencillez. Cuando hablaba contigo, siempre captabas que no tenía prisa. Te miraba a los ojos y en esos momentos tú te sentías lo mas importante del mundo. Me hizo mucho bien su persona y su Magisterio como Pedro. Recuerdo haberle escuchado, en la línea de Pablo VI, que de todas las crisis solo nos sacan los santos. Promovió mucho una teología de la santidad, de la coherencia, para salir de todos los problemas que afectan a nuestra sociedad. Siempre que le escuchaba me llevaba al asombro de la sabiduría, de una categoría intelectual pocas veces repetida en la historia. Siempre me ayudó su enfoque del Vaticano II, “continuidad sin ruptura”, siempre tan necesaria para vivir la comunión y la unidad.

Con el Papa Francisco con el cual me siento muy identificado como Pedro, afectiva y efectivamente, y como el primer Papa jesuita, comparto la espiritualidad ignaciana que siempre ha sido clave en mi seguimiento de Cristo: crecer por dentro para servir por fuera. Si tuviera que destacar lo que más me ha impactado de su magisterio petrino, destacaría haberle escuchado personalmente que en su cartera lleva siempre dos libros: la “Historia de un alma”, de santa Teresita de Lisieux” y “Evangelii Nuntiandi”, de san Pablo VI donde se dice que nunca se puede evangelizar sin alegría. De ahí que la mayoría de sus grandes documentos partan del gozo, de la alegría de ser cristianos en un tiempo y en una sociedad donde, por sus crisis y complicaciones aparentemente, no está el horno para bollos.

Recientemente el Papa Francisco, y por primera vez en mi vida, me concedió una audiencia privada que nunca agradeceré lo suficiente. Estoy seguro que ha sido por su gran afecto a la Archidiócesis Primada de Toledo y a su trabajo de evangelización tan lleno de frutos. Fue más de una hora con él y se pudo comprobar que es un hombre sabio y santo, y que transmite una paz inmensa siempre.

Los tres Papas nos alientan a una profunda espiritualidad para que nunca se vaya de nuestra tierra la alegría y la fiesta de las que es fuente el Señor Resucitado.

María nuestra Madre de Guadalupe alienta al Papa y a nuestra Archidiócesis de Toledo.

 

+ Francisco Cerro Chaves
Arzobispo de Toledo

 

 



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