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Cartas de los obispos

Carta Pastoral: «Somos Trinidad», por el cardenal Juan José Omella

Hoy celebramos con alegría la solemnidad de la Santísima Trinidad. Este es el término que empleamos los cristianos para referirnos a Dios. El Dios que nos revela Jesucristo es un misterio de comunión en el que habitan tres personas (Padre, Hijo y Espíritu Santo), que comparten la misma naturaleza divina. En este día, la Iglesia nos recuerda que Dios, en su intimidad más profunda, es una comunidad de vida y amor, una familia que se ama.

Hace algunas semanas, nos impresionaron las imágenes de los estragos de la pandemia en la India. Veíamos la desesperación de muchas familias que no encontraban una cama libre en un hospital, y las dificultades de muchas personas para acceder a una bombona de oxígeno.

En España, también han sido visibles los efectos de la pandemia, el paro ha aumentado considerablemente, afecta ya a casi cuatro millones de personas, además de los ERTE, de incierto futuro. Los primeros en sufrir el parón de la economía han sido los 8,5 millones de personas que ya se encontraban en situación de exclusión social antes de la pandemia. Como siempre, quienes sufren más las crisis son los más desfavorecidos, los que tienen menos oportunidades para acceder a los servicios básicos: los refugiados, los migrantes en situación irregular, las víctimas de la trata de personas, entre otros.

Ante esta realidad, muchas personas se han preguntado dónde está Dios. ¿Dios es realmente el Dios del amor? En el Libro de Job se plantean esas preguntas. Job siente que Dios le ha abandonado y le parece que Dios calla ante su sufrimiento. Pero, al final, Job descubre que Dios no lo ha abandonado nunca. A pesar de las situaciones adversas, es bueno saber que Dios Trinidad no deja nunca de llamar a la puerta de nuestro corazón para transformar nuestra existencia.

Dejemos que la Santísima Trinidad entre en nuestra vida. Si lo hacemos así, veremos cómo el Padre nos acoge en sus brazos y nos enseña a vivir como personas nuevas. Nos percataremos de que el Hijo quiere salvarnos y abrirnos el corazón para abrazar a los crucificados de nuestro mundo. Veremos como el Espíritu hace posible la fraternidad y despierta nuestra creatividad para encontrar soluciones, avanzar y salir de las crisis.

Caminemos en compañía de la Trinidad para ver el mundo con su mirada. A semejanza de Dios, somos también seres relacionales y estamos llamados a la comunión, a trabajar unidos por el bien común de toda la sociedad, a sumar esfuerzos y a olvidarnos de intereses particulares.

Oremos a la Santísima Trinidad para que ayude a nuestros gobernantes a promover las reformas necesarias para afrontar esta crisis. Unos cambios que, como bien sabemos, empiezan por cada uno de nosotros: no hay cambio social sin una previa conversión y una transformación personal. Seamos misericordiosos y encontraremos a Dios: Ubi caritas et amor, Deus ibi est.

Queridos hermanos y hermanas, que María, morada de la Trinidad, nos enseñe a ser misericordiosos como el Padre, a entregar nuestra vida como el Hijo y a ser creativos como el Espíritu Santo.

† Juan José Omella
Cardenal arzobispo de Barcelona



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