Revista Ecclesia » Carta Pastoral: «Sentado a la derecha del Padre», por Francisco Conesa
Cuaresma 2021
Cartas de los obispos

Carta Pastoral: «Sentado a la derecha del Padre», por Francisco Conesa

Queridos hermanos:

Cada vez que rezamos el «Credo», confesamos que Jesús está «sentado a la derecha del Padre». Esta expresión resulta extraña y enigmática para muchas personas, porque responde a una mentalidad antigua. Para entenderla bien, tenemos que remitirnos al salmo 110, 1 donde Dios dice al Mesías-Rey que se siente a su derecha, como signo de que le hace partícipe de su poder. Los primeros cristianos, para comprender lo que aconteció en la resurrección de Jesús, recurrieron a este salmo y repetían que Jesús había sido sentado a la derecha del Padre. Son numerosos los escritos del nuevo testamento que recogen esta confesión de fe (podéis ver, entre otros, Hch 2, 34-35; Rom 8, 34; Col 3, 1; Ef 1, 20; Hb 1, 13; 10, 12; 12, 2; 1 Pe 3, 21-22).

Evidentemente, cuando decimos que Jesús está sentado a la derecha del Padre no nos referimos a ningún espacio que exista en el cielo, en el que Dios hubiera puesto su trono y en el que habría puesto también a Jesús. Dios no está en un espacio junto a otros espacios. Decir que Jesús está sentado a la derecha del Padre significa, sobre todo, confesar que es igual al Padre, de su misma naturaleza. Cristo resucitado comparte el mismo poder y autoridad que el Padre. Leemos en un escritor antiguo: «Por derecha del Padre entendemos la gloria y el honor de la divinidad, donde el que existía como Hijo de Dios antes de todos los siglos, está sentado corporalmente después de haberse encarnado y de haber sido glorificada su carne» (San Juan Damasceno, De fide orthodoxa, IV, 2). Como Hijo del Padre, está sentado a su derecha con su humanidad glorificada (cf. Flp 2, 6-11; 1 Tm 3, 16).

Esta expresión habla también del modo de presencia de Jesucristo porque, después de la Ascensión, Jesús participa de la soberanía de Dios sobre todo espacio, de manera que puede estar presente junto a nosotros. Lo explica muy bien Benedicto XVI: «Puesto que Jesús está junto al Padre, no está lejos, sino cerca de nosotros. Ahora ya no se encuentra en un solo lugar del mundo, como antes de la ascensión; con su poder que supera todo espacio, Él no está ahora en un solo sitio, sino que está presente al lado de todos, y todos lo pueden invocar en todo lugar y a lo largo de la historia» (Jesús de Nazaret, II, p. 329). La Carta a los Hebreos dice que Jesús «siempre vive para interceder por nosotros» (Heb 7, 25). Por eso podemos invocarlo siempre, con la seguridad de que nos escucha y de que nada podrá separarnos de su amor.

Hay un tercer aspecto de esta fórmula de fe porque, como dice el Catecismo, sentarse a la derecha del Padre significa que se ha inaugurado el reino del Mesías (cf. Catecismo, 664). Cristo ha tomado posesión del Reino con su resurrección: él es el Señor de la historia, que tiene las llaves de la muerte y del abismo (cf. Ap 1,17-18) y que ha sido «elevado por encima de todo principado, poder, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no solo en este mundo, sino en el futuro» (Ef 1, 21). El Reino de Dios ya está ahora presente. Añade el Catecismo: «A partir de este momento, los Apóstoles se convirtieron en los testigos del Reino que no tendrá fin» (Catecismo, 664). La ascensión de Jesús es el comienzo de la misión de la Iglesia, que es «semilla y comienzo del Reino» (LG 5).

Así pues, cuando decimos que está «sentado a la derecha del Padre», confesamos su divinidad, tomamos conciencia de su presencia junto a nosotros y, al mismo tiempo, nos sentimos comprometidos a proclamar su Reino hasta el día de su regreso.

 

+ Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca



O si lo prefieres, regístrate en ECCLESIA para acceder de forma gratuita a nuestra revista en PDF

HAZME DE ECCLESIA

Cada semana, en tu casa