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Carta Pastoral: «Seamos responsables en la carretera», por Joan Planellas

Estimados y estimadas. Hoy, en este primer domingo de julio, la Iglesia celebra la Jornada de responsabilidad en el tráfico. «Cuida de él», señala el lema de este año. Está tomado del pasaje del buen samaritano cuando éste dice al posadero, refiriéndose a aquel hombre malherido: «Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando vuelva» (Lucas 10,35). Tanto si somos peatones como conductores, se nos invita a pasar por la vida como buenos samaritanos, haciendo el bien y practicando la misericordia en relación a los otros, a imitación de Jesús.

La pandemia está disminuyendo gracias a la vacunación progresiva de la población, y nuestras carreteras se han vuelto a llenar de vehículos y de movilidad. Ser un buen samaritano es hacer de la carretera una arteria de vida, de seguridad vial, de comunicación, de encuentro fraterno, de riqueza cultural y económica. La carretera debe convertirse en un espacio para poder vivir el cuidado y el gozo de la familia y de los amigos.

Desgraciadamente, las cifras de muertos y heridos en nuestras calles y carreteras se siguen contando por centenares, normalmente comoconsecuencia de alguna distracción, principalmente por el uso del móvil, exceso de velocidad o por haber ingerido alcohol, drogas u otras sustancias que limitan los reflejos y la atención en el conducir. El uso del cinturón de seguridad todavía es una asignatura pendiente para algunas personas. Además, hay gente que después de provocar un accidente de tráfico, incluso mortal, huyen sin pararse a socorrer a los accidentados, con el propósito de escapar de la justicia y de sus posibles responsabilidades.

Afortunadamente, no todo el mundo piensa y obra de esta forma. Ser buen samaritano en el camino te complica la vida, te hace perder el tiempo dejando de lado tus asuntos y preocupaciones. Y es que al buen samaritano le duele el dolor ajeno. Por ello, como afirma el mensaje de la Conferencia Episcopal para esta jornada, «hace falta actuar con el estilo del samaritano, que implica dejarse golpear por lo que veo, sabiendo que el sufrimiento me va a cambiar, y con el sufrimiento del otro me debo comprometer».

La preciosa tarea de cuidar del accidentado y humanizar estos momentos se debe ejercer según las circunstancias, y siempre con caridad, discreción y sin estorbar. El ejercicio de la caridad por parte del conductor debe tener una doble dimensión: Por un lado, se manifiesta en el cuidado del propio vehículo, sobre todo en su aspecto técnico. Y, por otro lado, se refiere a la estimación hacia quienes viajan ―sean o no familiares―, no comprometiendo sus vidas con maniobras equivocadas o imprudentes, que pueden poner en riesgo tanto a los pasajeros como a los peatones. Y no obviemos que ―como se lee en el mensaje mencionado― Jesús, «Buen Samaritano de la humanidad, desea ungir cada herida, curar cada recuerdo doloroso e inspirar un futuro de paz y de fraternidad en esta tierra».

 

+ Joan Planellas i Barnosell
Arzobispo de Tarragona



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