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Cartas de los obispos

Carta Pastoral: «Perseguidos», por el cardenal Juan José Omella

Persecuciones trepidantes e intrigas de espionaje han sido objeto de muchas películas en la historia del cine. Nuestra historia, lamentablemente, también está plagada de persecuciones de personas; personas que han sido y son perseguidas en muchos países, no por sus actos, como en las películas, sino por sus creencias.

Ayuda a la Iglesia Necesitada conoce bien esta realidad y recientemente ha presentado su informe anual en el que incluye datos muy preo­cupantes sobre la situación de muchos católi­cos en el mundo, personas que a menudo viven con temor y son rechazadas por su fe. La tendencia es cada vez más alarmante, en uno de cada tres países del mundo no se respeta la liber­tad religiosa.

En algunas zonas de las regiones de África del Norte y de Asia occidental, ser católico puede ser motivo de agresión por los más extremistas. En este contexto, algunos templos y lugares de oración pueden resultar saqueados y destrozados, y los fieles asesinados. Esta crueldad no tiene explicación y, como espectadores de la realidad, estos actos deberían sacudirnos y estremecernos.

En nuestro país, afortunadamente, nadie teme por su vida, pero ser católico no está de moda y a menudo causa sorpresa, estupor y cierto rechazo. De hecho, en muchos colegios públicos se dificulta a las familias el acceso a la educación religiosa. Como dice el papa Francisco, existe una «persecución educada» que margina a los creyentes solo por serlo. Tenemos muchos prejuicios ante lo que no conocemos bien de primera mano. Este desconocimiento puede llegar a provocar discriminación o fobia hacia las religiones. En una sociedad plural como la nuestra, la libertad de expresión permite comentarios sobre lo religioso siempre que se respeten los sentimientos del prójimo, no alteren la convivencia y no inciten al antisemitismo, la islamofobia, la católicofobia u otras fobias religio­sas. En este contexto, debemos dedicar esfuerzos a denunciar y mirar de remediar estas fobias, ya que la libertad religiosa es un aspecto fundamental de la dignidad humana.

Jesús supo aceptar y valorar las creencias de los otros. Lo podemos ver en el Evangelio según san Mateo (15, 21-28). Gracias a una mujer cananea, Jesús se dio cuenta de que también debía ayudar a aquellos que no tenían su misma fe. Así sucedió cuando esta mujer, que creía en otros dioses, le pidió que curara a su hija, petición ante la cual Jesús dudó por no pertenecer esta mujer al pueblo judío. Dialogó con ella y la aceptó tal como era, con sus propias creencias. Jesús nos da una clave sencilla para acercarnos a los que no creen ni piensan como nosotros. Jesús nos invita a dialogar para conocer a los demás y respetarlos tal como son.

Queridos hermanos y hermanas, todos debemos respetar el derecho a la libertad religiosa. Es un valor que, entre todos, administraciones públicas sociedad civil, creyentes y no creyentes, tenemos que proteger. Construyamos la paz, respetando la fe.

 

+ Juan José Omella
Cardenal arzobispo de Madrid



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