Revista Ecclesia » Carta pastoral: «Participar en la alegría de María», por Francisco Conesa
Cuaresma 2021
Cartas de los obispos

Carta pastoral: «Participar en la alegría de María», por Francisco Conesa

Queridos hermanos:

La vida de la Virgen María estuvo llena, sin duda, de sacrificio, dolor y renuncia. Pero, sobre todo, su vida estuvo inundada por la alegría. Es significativo que las primeras palabras que pronuncia el ángel en nombre de Dios sean «alégrate» (Lc 1, 28). Esa alegría es la que comunica también a Isabel y la que hace saltar de gozo al niño que lleva en el vientre (cf. Lc 1, 41). Es la alegría que rebosa el canto del Magnificat, en el que María proclama que su espíritu «se alegra en Dios, mi salvador» (Lc 1. 47). También el nacimiento de Jesús fue vivido por María como una «buena noticia» y una «gran alegría» para todo el pueblo (Lc 2, 10). Pero, sin duda, la alegría de María alcanza su plenitud en el momento de la resurrección de Jesús.

Ella, que se mantuvo erguida junto a la cruz, compartiendo los dolores de su Hijo, se llenó de una serena alegría ante la resurrección. Si el dolor del viernes santo fue grande, la alegría del domingo de Pascua debió ser inmensa. Una antífona del Misal saluda a María diciendo: «Dios te salve, santa María, / que, sufriendo junto a la cruz, / compartiste los dolores del Hijo; / ahora gozas de una serena alegría» (Misa de la Virgen María en la resurrección). En una catequesis explicaba el Papa: «Tan profundo fue su dolor, tanto que traspasó su alma, así su alegría fue íntima y profunda, y de ella se podían nutrir los discípulos. Tras pasar por la experiencia de la muerte y resurrección de su Hijo, contempladas, en la fe, como la expresión suprema del amor de Dios, el corazón de María se convirtió en una fuente de paz, de consuelo, de esperanza y de misericordia» (Regina Coeli, 21-4-2014).

Al comenzar el mes de mayo, en este tiempo de Pascua, podríamos dirigirnos como hijos a María y pedirle que comparta con nosotros su alegría y que nos haga sentir toda la alegría de la Pascua. Es tiempo de llenarnos de ese gozo que procede de la certeza de que Dios nos ama y nos perdona. Pero nadie puede guardarse para sí una alegría tan grande. Necesitamos compartirla con los demás, haciendo partícipes a otras personas de lo que llena nuestro corazón. La «alegría del evangelio» es expansiva, es misionera, porque quien vive en esa alegría, la contagia.

Además, María nos enseña a afrontar el dolor y la muerte con la mirada puesta en Dios. Acercarnos a María nos llena de esperanza. Ella nos enseña a dejar de lado tristezas y desilusiones, miedos e incertidumbres, para llenarnos de la alegría de la Pascua. Por eso, en este tiempo de pandemias y restricciones, necesitamos más que nunca sentir a nuestro lado la compañía de la Madre, que nos consuela y anima a ponernos por completo en manos de Dios.

En estos días celebramos a nuestra patrona, venerada desde finales del siglo XIII como Madre del Monte Toro. Desde entonces ella acompaña a nuestro pueblo y le transmite la alegría que rebosa de su corazón. Sobre la montaña del Toro, como dice el himno, «vive la Madre, que es la alegría, la luz y guía de los peregrinos».

 

 + Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca



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