Revista Ecclesia » Carta Pastoral: «Pan partido para la vida del mundo», por Francisco Conesa
Cuaresma 2021
Cartas de los obispos

Carta Pastoral: «Pan partido para la vida del mundo», por Francisco Conesa

Queridos hermanos:

La Eucaristía expresa de una manera singular lo que fue toda la vida de Jesús. En el evangelio de Juan dice Jesús: «El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo» (Jn 6, 51). Jesús hizo de su vida una donación total a los demás, se hizo pan partido para dar la vida a todos. Durante su vida terrena se acercó a cada persona lleno de compasión y misericordia, haciéndose especialmente solidario de los pobres y los que sufren. Su donación alcanzó su máxima expresión en la cruz, donde entregó libremente su vida por todos nosotros.

Pues bien, la Eucaristía actualiza de modo sacramental esa entrega de Jesús, el don de su propia vida. Por eso, de la Eucaristía brota una corriente de amor que nos da fuerza para vivir como Él vivió y entregar también nosotros nuestra vida a los otros. «Por eso –escribía Benedicto XVI- la Eucaristía impulsa a todo el que cree en Él a hacerse pan partido para los demás y, por tanto, a trabajar por un mundo más justo y fraterno… En verdad, la vocación de cada uno de nosotros consiste en ser, junto con Jesús, pan partido para la vida del mundo» (Sacramentum caritatis, 88).

Alimentados con el don de la Eucaristía, también nosotros podemos ser pan partido para los otros, donando nuestra vida con generosidad. «La Comunión eucarística –recuerda el papa Francisco- , si lo hacemos con fe, transforma nuestra vida, la transforma en un don a Dios y en un don a los hermanos» (Angelus 16-8-2015). Cuando nos alimentamos con el «pan de vida», entramos en un dinamismo de amor, que nos conduce a ser personas de perdón y reconciliación y a compartir no solo lo que tenemos sino también todo lo que somos.

Es impresionante el testimonio de Etty Hillesum, una joven de origen judío que fue ejecutada en el campo de concentración de Auswichtz cuando tenía 29 años. En su Diario revela el camino interior que le llevó desde una vida de rebeldía y desorden a encontrar a Dios en la lectura de los salmos y el Evangelio. Al final del Diario comprende la razón de su existencia y dice: «He partido mi cuerpo como el pan y lo he repartido entre los hombres. ¿Por qué no, si estaban tan hambrientos y han tenido que privarse de ello tanto tiempo?». Y concluye el diario con la siguiente cita: «Una quisiera ser un bálsamo derramado sobre tantas heridas». Son palabras estremecedoras en boca de una mujer que quiso compartir la suerte de su pueblo y murió en la cámara de gas.

En esta fiesta del Corpus Christi os invito a dejar que la fuerza de la Eucaristía alcance toda nuestra vida y nos transforme en pan partido y en bálsamo para curar las heridas de los demás. Cuando de verdad celebramos la Eucaristía, nos sentimos empujados a hacer de nuestra vida una donación para dar vida a los otros.

 

+ Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca



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