Revista Ecclesia » Carta Pastoral: «Nuestra vida es alabanza de Dios», por Mario Iceta
Carta pastoral de Mario Iceta
Cartas de los obispos

Carta Pastoral: «Nuestra vida es alabanza de Dios», por Mario Iceta

Queridos hermanos y hermanas:

La Iglesia dedica este domingo después de Pentecostés, a la Santísima Trinidad. Un solo Dios en tres Personas distintas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Una Trinidad en la que cada una de las tres Personas es enteramente Dios. Es el misterio de Dios en sí mismo, que es comunión de Personas. El misterio central de la fe y de la vida cristiana que, quizá, solo podemos comprender cuando Dios nos lo revela, cuando Él nos lo susurra al oído porque nuestra razón –tan acostumbrada al entendimiento, al hambre de saber y a la búsqueda de sentido– necesita ser ayudada.

Una verdad fundante de nuestra vida, que hallamos, de una manera especial, en el inmenso legado que nos dejaron los apóstoles. Ellos, en Pentecostés, experimentaron la acción del Espíritu Santo. Además, sintieron en sus entrañas cómo el Señor, antes de subir al Cielo, les dijo: «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» ( Mt 29, 19). Y, tras la Resurrección, entendieron que Jesús había sido enviado por el Padre para que tengamos vida en plenitud. Así, como testigos privilegiados de este milagro de amor, llegaron a comprender que el único Dios era Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Una comunión perfecta, bajo una naturaleza común, en una misma divinidad. Porque son un solo Dios, que se hace presente bajo las tres Personas en el Bautismo, en el Credo, en las Sagradas Escrituras o cada vez que realizamos la señal de la Santa Cruz sobre nuestro propio cuerpo.  Un amor trinitario que nos inserta en una verdadera intimidad donde Dios nos abre lo más profundo de su ser. Un amor que experimentamos hoy, cuando también celebramos la Jornada Pro Orantibus, al sentir que nuestra vida –si la vivimos en plenitud– es alabanza de la eternidad.

Una jornada con la oración, como señala el Papa Francisco, como «núcleo de nuestra vida consagrada y de la vida contemplativa». Porque la oración «es el modo de cultivar la experiencia de amor que sostiene nuestra fe». La vida contemplativa, tantas veces desde el silencio y la soledad del desierto, permanece cerca de Dios y también del dolor humano, en un momento que ha tocado de manera especial nuestras vidas. Una vocación que «sufre cuando el mundo sufre» porque «su apartarse del mundo para buscar a Dios es una de las formas más bellas de acercarse a él a través de Él», destacan los obispos de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.

Así lo recordó el Santo Padre en 2016, en el número 9 de la constitución apostólica Vultum Dei quærere: «La vida consagrada es una historia de amor apasionado por el Señor y por la humanidad: en la vida contemplativa esta historia se despliega, día tras día, a través de la apasionada búsqueda del rostro de Dios, en la relación íntima con Él». Son los pulmones de la Iglesia, la voz que ora sin descanso, la compañía callada que, también en nuestro nombre nunca abandona el sagrario.

También hacemos presente en esta celebración trinitaria y contemplativa la fiesta del rey San Fernando, que hoy conmemoramos, iniciador de la construcción de nuestra catedral de Santa María de Burgos junto al obispo Mauricio, fiesta que conmemoramos hoy. Fruto de sus manos buenas, florece nuestra preciosa catedral: Dedicada a la alabanza de Dios, por intercesión de la Virgen María a quien está dedicada, nace como lugar de adoración y comunión con Dios y entre nosotros, hogar y refugio de todos.

En esta fiesta de la Trinidad dedicada a la vida contemplativa, agradecemos a todos los monasterios su entrega generosa. Oremos por ellos y colaboremos en su sostenimiento. Ellos nos tienen siempre presentes ante Dios, en todas las circunstancias de nuestra vida. Con gran afecto, recibid un abrazo fraterno y la bendición de Dios.

 

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa
Arzobispo de Burgos



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