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Carta del Obispo

Carta pastoral Mons. Lorca Planes – Todos profetas

Domingo XXVI. Ordinario B

En la primera lectura de este domingo veremos cómo Dios derrama su Espíritu sobre todos los llamados a profetizar, un texto que nos recordará la efusión de la fuerza del Espíritu Santo en Pentecostés sobre los discípulos. Está claro que se nota la mano de Dios en el empeño de contar con nosotros para poder anunciar el Evangelio. Por eso, escuchar esta invitación del Señor es una ocasión para que todos renovemos el coraje de dar a conocer nuestra fe, de llevar a todos los hermanos al conocimiento y a la confianza en Dios.

El Espíritu nos hace una llamada determinante a ponernos en camino con una invitación personal y nos pide generosidad en la respuesta, la totalidad de nuestro ser, con sus luces y sombras, virtudes y defectos, para que sea fecunda, como la levadura que fermentará la masa. En nuestras parroquias y comunidades existen muchos hombres y mujeres que ya han respondido y están dando un maravilloso testimonio personal y de grupo, pero faltas tu,… ¿por qué tardas en responder?

 

Los fieles cristianos laicos no sois miembros pasivos en la Iglesia, esto lo sabe todo el mundo, también estáis llamados a dar testimonio del amor de Cristo y a dar respuesta de la esperanza que hay en nosotros (cfr 1Pe 3,15). Este es un bello oficio, tal como decía el Concilio: “A los laicos corresponde, por propia vocación, tratar de obtener el reino de Dios gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según Dios” (LG, 31); con la coherencia de la fe se ayuda a que el mundo se pueda iluminar con la luz de Cristo. La invitación a esta aventura es para todo bautizado. Vosotros, los laicos, también sois enviados a su viña, al mundo, a trabajar con la certeza de que no estáis solos, que Jesús camina con vosotros y os exhorta a valorar la dignidad de la persona, a respetar el derecho inviolable de la vida, a defender la libertad para invocar el nombre del Señor, cuidar el regalo de la familia como la mejor escuela de humanidad, la caridad como estilo, la participación en la vida pública, a evangelizar la cultura y las culturas del hombre… Estas cosas nos las recordaba el Papa Juan Pablo II y no pierden actualidad, por eso vuelvo a proponerlas a todos vosotros.

 

Para este Año de la Fe cuento con todos vosotros y os agradezco la generosa entrega para anunciar el Evangelio

 

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