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Cartas de los obispos

Carta Pastoral: «La eutanasia: una derrota para todos», por Julián Ruiz Martorell

Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

La vida humana es un don de Dios que hay que respetar, custodiar y acompañar siempre. Esta obligación corresponde, de modo particular, a los agentes sanitarios, auténticos «ministros de la vida». Ellos tienen una responsabilidad característica en relación con la vida, en todas sus fases, y, de modo especial, en las más frágiles. Cuando la enfermedad se vuelve crónica, siempre existen posibilidades de cuidar y atender, aunque sean remotas las capacidades de curación.

Con la eutanasia, se da un paso equivocado que propicia la cultura de la muerte. La eutanasia es un fracaso social, una solución errónea e indigna a un problema vital. La eutanasia es una equivocada «ayuda activa a morir». Existe una alternativa que se apoya en la atención generosa, el acompañamiento fraterno, los cuidados paliativos.

En el ser humano no existe un «deseo de morir», sino un «deseo de no sufrir». El sufrimiento puede ser aliviado, reducido, asistido. En los momentos de enfermedad grave y de proximidad de la muerte, la creatividad del amor genera respuestas válidas, en los ámbitos sanitario, familiar y social.

San Juan Pablo II afirmó con rotundidad: «Confirmo que la eliminación directa y voluntaria de un ser humano inocente es siempre gravemente inmoral. (…) La decisión deliberada de privar a un ser humano inocente de su vida es siempre mala desde el punto de vista moral y nunca puede ser lícita ni como fin, ni como medio para un fin bueno. (…) “Nada ni nadie puede autorizar la muerte de un ser humano inocente, sea feto o embrión, niño o adulto, anciano, enfermo incurable o agonizante. Nadie además puede pedir este gesto homicida para sí mismo o para otros confiados a su responsabilidad ni puede consentirlo explícita o implícitamente. Ninguna autoridad puede legítimamente imponerlo ni permitirlo”» (n. 57).

Benedicto XVI escribió en «Spe salvi»: «La grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre. Esto es válido tanto para el individuo como para la sociedad. Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana» (n. 38).

El Papa Francisco publicó en las redes sociales: «La eutanasia y el suicidio asistido son una derrota para todos. La respuesta que hemos de dar es no abandonar nunca a quien sufre, no rendirnos, sino cuidar y amar a las personas para devolverles la esperanza» (5 junio 2019).

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+ Julián Ruiz Martorell
Obispo de Jaca y Huesca



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