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Cartas de los obispos

Carta Pastoral: «La belleza de la familia», por Salvador Giménez Valls

Cuando se cumplen cinco años de la promulgación de la Exhortación Apostólica «Amoris Laetitia», el papa Francisco ha promovido un año dedicado a la familia. Es una buena ocasión para recordar, reflexionar y profundizar en aquel importante documento que recoge las principales aportaciones del Sínodo extraordinario de Obispos que se celebró durante el año 2014. Esta iniciativa papal comenzó el pasado 19 de marzo, solemnidad de san José, y concluirá en junio de 2022 cuando se celebre en Roma el X Encuentro Mundial de las Familias. Un acontecimiento similar en el que muchos de vosotros participasteis en Valencia en julio del año 2006.

Desde entonces bastante ha cambiado en la apreciación de la familia. Y no siempre para mal. La situación pandémica que nos azota ha posibilitado un repliegue hacia el interior de la institución familiar. Ha sido la tabla de salvación para muchas personas sin referentes sociales claros y que buscaban encajes sólidos a sus sentimientos. También ha supuesto una inmejorable ayuda para afrontar las situaciones económicas frágiles. De algún modo ha servido el concurso familiar para paliar las enormes desigualdades sociales existentes y que coinciden con las reivindicaciones que se producen, o se recuerdan en este fatídico año, en la jornada del trabajo de este primero de mayo. Vuelve la figura de san José a ser el intercesor de las peticiones del mundo del trabajo.

Pero volvamos al objeto de nuestro comentario. Este Año de la Familia será un tiempo en el que nos proporcionará un mejor conocimiento de lo que piensa y predica la Iglesia sobre la importancia del matrimonio y de la familia. En la citada Exhortación podemos leer que «la pastoral familiar debe hacer experimentar que el Evangelio de la familia responde a las expectativas más profundas de la persona humana: a su dignidad y a la realización plena en la reciprocidad, en la comunión y en la fecundidad» (núm. 200). Además insiste el Papa en poner a la familia como protagonista de su propia misión eclesial y social, «cada familia, a pesar de su debilidad, puede llegar a ser una luz en la oscuridad del mundo» (núm. 66). Recuerda que cada uno de nosotros debe vivir y tener la Iglesia como una gran familia, ella es “familia de familias” (núm. 87). Cada una de ellas es un bien para la Iglesia del mismo modo que ésta es un bien indiscutible para todas las familias que viven y se educan en las orientaciones del Evangelio.

En varios comentarios a lo largo de estos años, sobre todo alrededor de la fiesta de la Sagrada Familia, he aludido al tema de la familia cristiana, a su fundamental función de amor gratuito y desinteresado, de la cohesión social que proporciona y de la educación que promueve para todos sus miembros. Este nuevo comentario me posibilita invitar a todos a la lectura del documento La alegría del amory a un reconocimiento expreso de la familia, como pretende la iniciativa del Santo Padre para la Iglesia universal. Para los cristianos es una institución esencial con el fin de experimentar el amor del Padre Dios y encaminar nuestros pasos para fomentar la ternura en las relaciones humanas y la práctica de la fraternidad.

Ante las crisis sociales y sanitarias la familia es un gran medio para no perderse en el océano de la indiferencia y de la soledad. Ante las crisis económicas la familia es un gran recurso para la ayuda y la colaboración entre generaciones. Ante la maldad y la oscuridad de algunos aspectos de nuestro mundo, la familia se convierte en un faro que ilumina los pasos de la humanidad y, con una belleza indescriptible, despierta los mejores sentimientos y deseos del ser humano. No olvidamos las dificultades existentes en el seno de la familia que hacen sufrir y por ellas pedimos. Pero es mayor el beneficio que recibimos que el riesgo del olvido de nuestro propio entorno.

 

+ Salvador Giménez Valls
Obispo de Lleida



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