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Cartas de los obispos

Carta Pastoral: «El testamento vital y la eutanasia», por Salvador Giménez Valls

Dentro de unos días entrará en vigor la ley orgánica sobre la regulación de la eutanasia que se aprobó en el Congreso de los Diputados el pasado 24 de marzo. En sus últimas disposiciones señalaba un plazo de tres meses para que se pusiera en funcionamiento su contenido.

Los católicos, siguiendo las orientaciones de la Iglesia, han proclamado con convicción y sin ninguna duda su defensa de la vida, que es un regalo de Dios y que no se puede dejar en manos de las decisiones de unos funcionarios o de unos profesionales. Siempre estaremos en contra de las normas que impiden nacer a un ser ya concebido o de terminar con la vida de un modo forzado e intencionado. El aborto y la eutanasia son dos realidades presentes en la sociedad que hablan de muerte y de fracaso al pretender imponerlas como una solución válida para primar el deseo individual y para olvidar el compromiso social. Parece buscarseuna libertad cómoda, que no ocasione problemas con los hijos o con los padres ancianos y necesitados de ayuda.

Sorprende cómo se utiliza el lenguaje para que no resulte hiriente o repulsivo. No se quiere hablar de asesinato, de genocidio o de aniquilamiento de un ser humano. Suena mal y se buscan nuevas palabras que endulcen la triste realidad de la muerte provocada. En otras ocasiones ya he comentado aquí la gravedad de esta realidad y la posición de la Iglesia al respecto. Lo ha dicho con mucha claridad y lo han reconocido todos los responsables (administrativos, políticos y sanitarios) y la sociedad en general. Supongo que esto se aceptará con normalidad al menos en cuanto al recurso de la defensa de las propias convicciones y al uso de la libertad de expresión.

Hoy sólo quiero alertar en esta defensa de la vida y en el posicionamiento ante la ley que entrará en vigor el próximo mes de junio, que se utilice el recurso del TESTAMENTO VITAL por parte de toda persona opuesta a que otros decidan sobre su vida y su muerte. Este documento se resume en un breve texto en el que, después de afirmar las propias creencias y señalar los datos personales, manifiesta tener la capacidad legal y la libertad para tomar esta opción, que si llegara a padecer una enfermedad grave… me administren los cuidados básicos para paliar el dolor… y que no se me aplique… en ninguna de sus formas la eutanasia o el “suicidio médicamente asistido” ni que se me prolongue abusiva e irracionalmente mi proceso de muerte. Asimismo pide la ayuda de los sacramentos y preparar para este acontecimiento final la compañía de los seres queridos.

Esta decisión, firmada por el interesado, tiene que ir acompañada con la firma de dos testigos que no tengan una vinculación familiar o profesional con aquél. Además debe ser inscrita en el Registro correspondiente de la comunidad autónoma donde vive. Sin esta inscripción pública no es válida la opción.Algunas autonomías han preparado un procedimiento propio pues de ellas depende la aplicación en su territorio de la mencionada ley. Nosotros utilizaremos el texto propuesto

Nuestra obligación es ofrecer la adecuada información a los católicos y a todos aquellos que no aceptan la implantación de una ley que no está en la línea de sus propias convicciones. Hemos dado a conocer la existencia de dicho testamento vital a los sacerdotes y comunidades religiosas para que puedan responder a los fieles de una manera cabal y sujeta a las prescripciones de la propia Iglesia católica. Similares iniciativas anteriores que se promovieron dejarán de tener vigencia con la implantación de esta ley, por ello es imprescindible firmar de nuevo este documento preparado como respuesta a esta iniciativa legal.

+ Salvador Giménez Valls
Obispo de Lleida



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