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Carta pastoral de Mario Iceta
Cartas de los obispos

Carta Pastoral: «El foro de la concordia empapa la catedral de esperanza», por Mario Iceta

Queridos hermanos y hermanas:

El 20 de julio de 2021, nuestra catedral de Burgos conmemora los 800 años de la colocación de su primera piedra. Conmemorar cada pincelada del Templo Madre de toda la diócesis nos abre, ciertamente, los ojos del alma ante la mirada compasiva de un Dios que nos transforma en piedras vivas y en templos suyos para mudar el corazón del mundo.

Enraizados en los albores de esta preciosa celebración, y como hijos y hermanos de un Amor inagotable, los días 16, 17 y 18 de junio celebraremos en la catedral una edición del foro de la concordia.

Un momento especial, no solo para esta Iglesia que peregrina en Burgos, sino para una sociedad tan necesitada de consuelo, de empatía y de solidaridad, en un año marcado por el dolor y prendido en un anhelo de esperanza.

La catedral de Santa María de Burgos, nuestra majestuosa y bella basílica, abre de par en par sus puertas, ensancha cada rincón de su cuerpo vivo y se presenta como un lugar de encuentro, diálogo, comunión, apertura y acogida. Haciéndose, cada día, custodia y consuelo, posada y refugio del Cuerpo de Cristo.

«El que se pasa al lado de Cristo, pasa del temor al amor y comienza a poder cumplir con el amor lo que con el temor no podía» (S 32, 8), escribía san Agustín. Una promesa basada en una cultura del cuidado y del encuentro que halla, en la concordia que nace de la fe, el sentido profundo del amor: que nuestros corazones latan de modo armónico y acompasado.

Y en ese misterioso sendero deseamos caminar desde esta archidiócesis burgalesa, brazo a brazo, corazón a corazón, latido a latido. Unidos, en comunión, abiertos a la escucha, en el idioma de la fraternidad; en esa orilla donde la caridad que brota del Evangelio nos invita a llenar de sentido el silencio, allí donde la voz paciente y delicada del Padre nos llama a vivir como antorchas prendidas en medio de la noche. Aunque a veces hiera el frío, aunque apenas quede luz.

La paz «no es solo ausencia de guerra», afirmaba el Concilio Vaticano II, sino «vida rica de sentido, configurada y vivida en la realización personal y en el compartir fraterno con los otros», rezaba el Santo Padre en su mensaje de Año Nuevo. Una labor de amor erigida como preludio de esa caridad que antepone las cosas comunes a las propias y empapada por esa concordia fraterna que nos espera al otro lado de la puerta.

Cuando hay relente y humedad en el corazón, no quedará sitio para la concordia. Pero nosotros, a la luz del foro que vamos a celebrar en este contexto, deseamos unir puentes, acercar horizontes, complementar sentidos. Porque sabemos que cuando nuestro corazón levanta los ojos hacia Dios y se abre a los hermanos por medio de Su presencia, Él construye su altar en el hueco donde un día sangró nuestra herida. Para transformarnos, con Él, en Su Cuerpo y en Su Sangre. Para hacernos más amantes del Amado.

Mis queridos hermanos y hermanas: para alcanzar la necesaria concordia que genera siempre paz, en la que todos, por fin, seamos uno en el Amor, hemos de caminar en fraternidad. Solo así, andando juntos en armonía, ayudándonos los unos a los otros, llegaremos a la eternidad. Y hemos de hacerlo creyendo, y no corriendo, pasando cada uno de nuestros sentires «por el afecto del corazón», como confesaba san Agustín. Sabiéndonos «morada de Dios» y teniendo siempre presente que «nadie logra de Dios la firmeza, sino quien en sí mismo reconoce su flaqueza» (S 76,6).

Que Santa María Madre de Dios, en este Año Jubilar que estamos celebrando en nuestra archidiócesis con motivo del VIII centenario de la catedral y de cara al foro de la concordia que vamos a celebrar los días 16, 17 y 18 de este mes, haga –de nuestro corazón– un lugar de comunión, de encuentro, de acogida, de misericordia y de esperanza.

 

Con gran afecto, recibid la bendición de Dios.

 

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa
Arzobispo de Burgos



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