Revista Ecclesia » Carta Pastoral: «El árbol humilde», por Julián Ruiz Martorell
Cartas de los obispos

Carta Pastoral: «El árbol humilde», por Julián Ruiz Martorell

Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

Entre la primera lectura y el evangelio, este domingo aprendemos una lección que nos llega, entre otras, a través de tres imágenes.

1) El árbol humilde. El profeta Ezequiel nos comunica esta palabra pronunciada por el Señor: “reconocerán todos los árboles del campo que yo soy el Señor, que humillo al árbol elevado y exalto al humilde, hago secarse el árbol verde y florecer el árbol seco” (Ez 17,24). Aparece un doble motivo de reflexión: 1º) una llamada a la confianza en la acción de Dios, capaz de exaltar al árbol humilde y de hacer florecer el árbol seco; 2º) una exhortación al reconocimiento agradecido del proyecto de Dios. Él es quien lleva la iniciativa; a Él le corresponde la primacía: “yo soy el Señor”, “humillo”, “exalto”, “hago secarse”, “(hago) florecer”.

Las iniciativas humanas, los grandes progresos de la ciencia, los avances tecnológicos, los descubrimientos científicos, los relatos arrogantes, se detienen ante el umbral del misterio. Nuestra vida y nuestro destino no dependen exclusivamente de nuestras fuerzas y capacidades. Es Dios quien dirige los designios de la historia y a nosotros nos corresponde caminar “llenos de buen ánimo” (2 Cor 5,6.8), orientados hacia el Señor.

2) La semilla que germina.“El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo” (Mc 4,26-27). Esta pequeña parábola, exclusiva de san Marcos, nos llena de asombro y gratitud. Necesitamos percibir todas las cosas como un regalo de Dios, porque, en definitiva, su acción es mayor que nuestro esfuerzo.

Benedicto XVI nos invitaba a leer en la creación “el ritmo de la historia de amor de Dios con el hombre”. Es necesario percibir el ritmo y la lógica de la creación. Es preciso superar la soberbia de dominar, de poseer, de manipular, de explotar.

3)La semilla más pequeña. Jesús compara el reino de Dios con un grano de mostaza: “al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden anidar a su sombra” (Mc 4,31-32).

Un grano de mostaza puede tener un admirable potencial de crecimiento. La más pequeña de las semillas puede hacerse muy alta y echar ramas grandes. Las olas del mar dan testimonio de la inmensidad del océano.

 

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+ Julián Ruiz Martorell
Obispo de Jaca y Huesca



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