Revista Ecclesia » Carta pastoral: «Divina misericordia», por Julián Ruiz Martorell
Carta pastoral del obispo de Jaca y Huesca, Julián Ruiz Martorell:«Contagia solidaridad»
Cartas de los obispos

Carta pastoral: «Divina misericordia», por Julián Ruiz Martorell

Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz,

Desde el año 2000, el Segundo Domingo de Pascua se denomina también «de la Divina Misericordia». Así aparece en un conocido texto: «En nuestros tiempos, muchos son los fieles cristianos de todo el mundo que desean exaltar esa misericordia divina en el culto sagrado y de manera especial en la celebración del misterio pascual, en el que resplandece de manera sublime la bondad de Dios para con todos los hombres. Acogiendo, pues, tales deseos el Sumo Pontífice Juan Pablo II se ha dignado disponer que en el Misal Romano, tras el título del Segundo Domingo de Pascua, se añada la denominación “o de la Divina Misericordia”» (Decreto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, 5 mayo 2000).

Cristo revela al Padre que es amor, rico en misericordia. «Hacer presente al Padre en cuanto amor y misericordia es en la conciencia de Cristo mismo la prueba fundamental de su misión de Mesías» (Juan Pablo II, Dives in misericordia, 3).

«En base a tal modo de manifestar la presencia de Dios que es padre, amor y misericordia, Jesús hace de la misma misericordia uno de los temas principales de su predicación. (…) Baste recordar la parábola del hijo pródigo  o la del buen Samaritano  y también -como contraste- la parábola del siervo inicuo. Son muchos los pasos de las enseñanzas de Cristo que ponen de manifiesto el amor-misericordia bajo un aspecto siempre nuevo. Basta tener ante los ojos al Buen Pastor en busca de la oveja extraviada  o la mujer que barre la casa buscando la dracma perdida» (ibid.).

 Rezamos con el salmista: «Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son  eternas; no te acuerdes de los pecados ni de las maldades de mi juventud; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor» (Sal 25[24],6-7); «Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia» (Sal 118 [117], 1).

Cada mañana, oramos diciendo en el «Benedictus»: «realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres», y además: «por la entrañable misericordia de nuestro Dios» (Lc 1, 72.78).

Al atardecer, decimos en el «Magnificat»: «su misericordia llega a sus fieles de generación en generación», y también: «auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia» (Lc 1, 50-54).

En este Segundo Domingo de Pascua se renueva nuestro compromiso de practicar las obras de misericordia, recordando las palabras que el Señor dijo a santa Faustina Kowalska:«Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes» (Diario, 742).

 Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+ Julián Ruiz Martorell
Obispo de Huesca y Jaca



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