Revista Ecclesia » Carta pastoral: «Démonos prisa a amar», por Francisco Conesa
Cuaresma 2021
Cartas de los obispos

Carta pastoral: «Démonos prisa a amar», por Francisco Conesa

Queridos hermanos:

Un conocido poeta polaco, Jan Twardowski (1915-2006), dejó escrito un bello poema con este sugerente título: «Démonos prisa a amar». Argumentaba el poeta que debemos hacerlo porque «la gente se va tan pronto». No podemos desperdiciar las oportunidades que tenemos de amar. «Amamos siempre poco y demasiado tarde», escribe. La vida humana es, ciertamente, muy corta y, si no nos damos prisa, no lograremos amar lo suficiente para llenarla de sentido.

Si es verdad que «al atardecer de nuestras vidas seremos examinados en el amor» (San Juan de la Cruz) todo lo que no sea amar es secundario. En nuestro corazón no pueden caber esos otros sentimientos que lo envenenan todo (celos, envidias, intolerancia, rechazo). San Pablo lo entendió muy bien cuando dijo: «si no tengo amor, nada soy» (1 Cor 13, 3).

Sucede, sin embargo, que nuestro corazón se torna egoísta, que se inclina gustoso hacia sí mismo y le cuesta dirigir la mirada a los demás. Para esto necesitamos ensancharlo, acogiendo en nosotros todo el amor que Jesús nos tiene. Es necesario sentir en nuestra carne «lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo del amor de Cristo» (Ef 3, 18) para poder nosotros amar incondicionalmente, como Él nos ha amado. Necesitamos así mismo dejar que ese corazón egoísta sea transformado por el Espíritu, que llena nuestros corazones de amor (cf. Rom 5, 5).

Conviene estar atentos, porque tenemos la tentación de convertir el amor en una palabra o en una idea hermosa, pero vacía de contenido. Por eso es muy importante traducir la palabra «amor» en gestos concretos de entrega a los demás, de perdón, de comprensión y de servicio. Y es oportuno también pensar a quien vamos a dirigir este amor, porque cada persona es importante. En fin, el ideal es reaccionar siempre amando. Que en cualquier circunstancia y ante cualquier persona, nuestro corazón, transformado por la gracia, reaccione siempre amando.

La verdad del amor se manifiesta cuando nos ponemos en marcha hacia los más pequeños, a los últimos, y agachamos para lavar sus pies. Hemos de sentir su dolor y escuchar su grito de auxilio, para ser Iglesia samaritana, que se compadece y sana. El contexto de pandemia que vivimos nos hace pensar no sólo en los que han padecido la enfermedad, sino también en tantas personas que están sufriendo las consecuencias económicas de esta crisis sanitaria. A todos ellos debe llegar nuestra solidaridad, para que sepan que queremos vivir el mandamiento nuevo que nos dejó nuestro Señor.

Lo único que importa es amar. Jesús añadió que este sería el distintivo de que somos sus discípulos. Nosotros hemos inventado otras señales para decir que somos cristianos, pero Jesús sólo nos dejó una: que os améis. Si no amamos con todo nuestro ser, no nos hemos enterado de nada. «Amaos unos a otros». Este es el mandamiento que está por encima de todos los demás y que ilumina los otros. Tiene razón san Agustín cuando dice: «Ama y haz lo que quieras».

No perdamos la oportunidad de amar. Acaba diciendo el poeta: «Démonos prisa a amar, la gente se va tan pronto / y los que no se van, no siempre vuelven».

 

+ Francisco Conesa
Obispo de Menorca



O si lo prefieres, regístrate en ECCLESIA para acceder de forma gratuita a nuestra revista en PDF

HAZME DE ECCLESIA

Cada semana, en tu casa