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Cartas de los obispos

Carta pastoral del obispo de Menorca: «Anunciar el amor de Dios»

Queridos hermanos:

Los cristianos tenemos el deber y el honor de anunciar de modo incansable que Dios es amor. Sin duda, se trata de la mejor noticia que podemos comunicar a los demás. Me temo que muchos contemporáneos nuestros se han hecho una falsa idea de Dios. A veces, cuando niegan su existencia, en realidad están negando a ese ídolo que se han imaginado. Hoy son muchos los niños y jóvenes que han crecido sin oír hablar de Dios. También son muchos los que se han hecho una idea deformada de quién es, porque lo ven como un ser exigente o como una especie de superman o como un mercader avaricioso que lleva cuenta de cada una de nuestras malas acciones. En fin, las perversiones de la idea de Dios son muchas y me temo que hoy, cuando pronunciamos la palabra “Dios” no todos entendemos lo mismo.

Por eso, es más necesario que nunca, dar testimonio del Dios que hemos conocido gracias a Jesucristo y hablar de la belleza de su amor. Jesús nos ha revelado que Dios es un padre misericordioso, que se desvive por encontrar al hombre perdido, que no olvida a ninguno de sus hijos y que nos ama sin merecerlo. En su muerte y resurrección, ha mostrado el extremo de ese amor, revelando de una vez para siempre que Dios es amor. Así es Dios y así debemos transmitirlo a los demás, para derribar tantos ídolos, tantas imágenes falsas que los hombres nos construimos.

Escribió San Juan que “nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él” (1 Jn 4, 16); por eso debemos ser pregoneros de ese amor. A cada persona debemos repetir: “Dios te ama”. No importa si lo has abandonado o si no le rezas. No dudes nunca de que en cualquier circunstancia, Dios te ama infinitamente, con un amor eterno. Si quieres, puedes aceptar su amor y arrojarte sin miedo en sus brazos, porque Él te sostendrá. A cada hombre y mujer debemos recordar que son importantes para Dios, porque son criaturas suyas.

El Papa Francisco, en un texto muy hermoso, ha explicado cómo es el amor de Dios: “es un amor que no aplasta, es un amor que no margina, que no se calla, un amor que no humilla ni avasalla. Es el amor del Señor, un amor de todos los días, discreto y respetuoso, amor de libertad y para la libertad, amor que cura y que levanta. Es el amor del Señor que sabe más de levantadas que de caídas, de reconciliación que de prohibición, de dar nueva oportunidad que de condenar, de futuro que de pasado” (Christus vivit, 116). Ciertamente, no hay experiencia más grande en la vida que dejarse amar por Dios.

Quienes hemos experimentado este amor, debemos comunicarlo a los demás. No nos debemos cansar de gritar la belleza, grandeza y profundidad de este amor, porque el anuncio del amor misericordioso y gratuito de Dios es el corazón del kerigma.

 

+ Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca



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