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Iglesia en España

Carta Pastoral del arzobispo de Santiago en el Día de las personas sin hogar

         Carta Pastoral del arzobispo de Santiago en el Día de las personas sin hogar

Queridos diocesanos: El domingo, día 24 de noviembre, se nos llama a mirar con responsabilidad a las personas sin techo con el lema: “Nadie sin salud. Nadie sin hogar”. La crisis está generando un cambio de mentalidad y puede llevarnos a una transformación radical de nuestro estilo de vida. En este sentido hay que recordar que el hombre es el único camino que la Iglesia debe recorrer y que nada que afecte a los demás a nosotros nos puede ser ajeno. En este contexto hace falta vivir la condición sufriente del drama humano con toda nuestra energía personal y comunitaria, porque el mañana reflejará nuestra esperanza de hoy. Esto conlleva dar cabida a lo que es la persona y su entramado de relaciones. En este proceso renunciar a la referencia de la dimensión trascendente de la persona es no comprender y no preservar lo humano.

Cuidar la salud y tener un hogar

No podemos ser insensibles al hecho de que haya personas que no tienen acceso a la salud. Desde este planteamiento abordamos el drama de los que no tienen posibilidades para cuidar su salud y no tienen un hogar. Es una doble discriminación profundamente interrelacionada cuyas consecuencias son la dependencia del alcohol y de otras sustancias, los trastornos de personalidad y la depresión. “La soledad y la falta de vínculos familiares, vecinales y sociales sostiene o aumenta el riesgo de sufrir un trastorno mental al no recibir el apoyo que cualquier persona necesita”. Vemos que algunas personas van de la calle al hospital pero se ha de evitar que salgan del hospital para encontrarse nuevamente en la calle. Por experiencia muchos sabemos la alegría que produce el alta médica después de unos días de estancia hospitalaria. Pero como advierte el slogan, “el alta médica es una mala noticia si vives en la calle”. Los derechos fundamentales deben ser obligatorios e imprescindibles para todos.

Nadie ha elegido vivir en la calle. No se elige la enfermedad. El compromiso de acompañar a estas personas, carentes de salud y de hogar, conlleva escucharles. Y esto es lo que nos manifiestan: “Nos sentimos desamparados, sin apoyo, fracasados, tristes y con mucha rabia. Nos sentimos apartados. Pero tenemos mucho que aportar a la sociedad. Tenemos muchos valores que compartir. Tenemos alegrías y ánimo para seguir luchando. Tenemos afectos, cariño y todo el tiempo del mundo. Tenemos mucha experiencia en apoyar a los demás, en dar la mano al compañero, en escuchar, talento que puede venir bien a todos. Tenemos comprensión y vida, ante todo, mucha vida”[1]. Sus enfermedades físicas y sus condiciones de vida llevan a que muchas personas los miren con miedo o, mejor dicho, que por miedo y comodidad  ni los miren. A veces se dan rodeos para no encontrarlos.

 

Datos para el discernimiento

Como ya os comentaba el pasado año, sólo en nuestra diócesis hay unas mil quinientas personas sin techo, siendo atendidas muchas de ellas por Caritas Diocesana. La precariedad laboral y el paro que afectan de manera especial a los jóvenes, les hacen inviable acceder a una vivienda digna que es un derecho y no un privilegio. Por otra parte, todas las personas, especialmente las más desprotegidas y vulnerables como jóvenes desempleados, personas afectadas por enfermedades infecto-contagiosas, personas con discapacidad…,  deben poder disfrutar del derecho a la salud.

 

Nuestro compromiso

La jornada de hoy es una llamada de atención a todos para que en la medida de nuestras posibilidades trabajemos con la finalidad de que todas las personas puedan vivir con la dignidad plena que ostentan. Tenemos que “edificar el presente y proyectar el futuro desde la verdad auténtica del hombre, desde la libertad que respeta esa verdad y nunca la hiere, y desde la justicia para todos, comenzando por los más pobres y desvalidos”. No podemos correr el riesgo de quedar atrapados en lo calculable y en lo mensurable. Hemos de tener siempre presente la dignidad de la persona humana. “Son tiempos de adversidad, no de desdicha”. En la adversidad se vislumbra una salida, albergando una esperanza. En la desdicha, no, pues sobreviene un sentimiento de desamparo cuando ya no parece posible ni concebible felicidad alguna.

 

Os saluda con todo afecto y bendice en el Señor,

 

+ Julián Barrio Barrio,

Arzobispo de Santiago de Compostela.

[1] Manifiesto Campaña Nadie sin Hogar 2013.

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