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Carta pastoral con motivo de la beatificación de cuatro mártires de la diócesis de Tarazona (II)

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Carta pastoral con motivo de la beatificación de cuatro mártires de la diócesis de Tarazona (II)

“Reinan con Cristo para siempre” es el título de la carta pastoral con motivo de la beatificación de cuatro mártires de la diócesis de Tarazona (II)

Beatos diocesanos del siglo XX

Queridos hermanos y amigos: El 29 de marzo de 1987, eran beatificadas en Roma las tres carmelitas descalzas mártires de Guadalajara. Era la primera beatificación de mártires de la persecución religiosa en España durante el siglo XX. La diócesis tenía el honor de que entre ellas se encontrara la beata María del Pilar de San Francisco de Borja, nacida en Tarazona, bautizada con el nombre de Jacoba Martínez García, que ingresó en el Carmelo de Guadalajara, siendo modelo por su caridad, oración y servicio. El 24 de julio de 1936, en plena calle, fue acribillada a balazos y mientras moría, decía: “Padre, perdónalos ¡Viva Crista Rey!”.

El 1 de octubre de 1989, se beatifican a veintiséis pasionistas de Daimiel en Ciudad Real; dos de ellos son originarios de nuestra diócesis: Tomás Cuartero Gascón había nacido en Tabuenca el 22 de febrero de 1915 en una familia cristiana. En 1927 ingresó el seminario de Belchite (entonces Tabuenca era de la diócesis de Zaragoza), pero en 1930 cuando vio el efecto espiritual que había causado en la parroquia de su pueblo la predicación de los padres pasionistas, optó por esta congregación, ingresando el 28 de septiembre de ese año. Hubo de regresar a su casa cuando la proclamación de la República pero en septiembre volvió a Zaragoza. Tomó el hábito en Corella (entonces diócesis de Tarazona) el 22 de octubre de 1932, y el 19 de octubre del año siguiente hacía los santos votos con el nombre de Tomás del Santísimo Sacramento. Permaneció otro año en Corella y en 1934 pasaba a Daimiel para proseguir los estudios.

Junto a él su hermano José María Cuartero Gascón nacido en la misma población, el 29 de abril de 1918. Ingresó con su hermano en la congregación, volvió a casa con él en abril de 1931 y regresó en septiembre. Admitido al noviciado en octubre de 1934, pronunciaba sus votos religiosos el 23 de octubre de 1935 con el nombre de José María de Jesús. Estando en Daimiel recorrió con su hermano el camino del martirio. Dos jóvenes de 21 y 18 años que con total amor dieron testimonio de su fe.

El 25 de octubre de 1992 se beatificaron 51 claretianos de Barbastro que eran formadores y seminaristas. De Malón encontramos en este grupo a Juan Sánchez Munárriz, joven de 21 años que allí se preparaba para recibir la ordenación sacerdotal. Antes de ser martirizado deja este testimonio escrito: “Barbastro, 12 de agosto de 1936. Con el corazón henchido de alegría santa espero confiado el momento cumbre de mi vida, el martirio, que ofrezco por la salvación de los pobres moribundos que han de exhalar el último suspiro en el día que yo derrame mi sangre por mantenerme fiel y leal al divino Capitán Cristo Jesús. Perdono de todo corazón a todos los que, ya voluntaria o involuntariamente, me han ofendido. Muero contento. Adiós y hasta el cielo. Juan Sánchez Munárriz”.

Es conmovedor que todo un seminario dé testimonio de la fe, como señaló el papa Juan Pablo II en la homilía de la beatificación: “Es todo un seminario el que afronta con generosidad y valentía su ofrenda martirial al Señor… Todos los testimonios recibidos nos permiten afirmar que estos Claretianos murieron por ser discípulos de Cristo, por no querer renegar de su fe y de sus votos religiosos”

Recientemente se ha estrenado una película sobre ellos: Un Dios prohibido. La cinta detalla los aspectos humano y religioso de los involucrados en este hecho histórico y resalta “la dimensión universal del triunfo del amor sobre la muerte”. El material utilizado para esta cinta han sido los testimonios escritos dejados por las víctimas.

En Roma el 7 de marzo de 1999, fueron beatificados siete agustinos recoletos y un sacerdote diocesano. Del 2 de julio al 15 de agosto de 1936 siete agustinos recoletos, encabezados por su prior, y un sacerdote diocesano, entregaron su vida por Cristo en las calles de Motril. Entre ellos tres procedentes de nuestra diócesis: P. Vicente Soler de San Luis Gonzaga, nacido en Malón y que había sido prior general de la orden; P. Vicente Pinilla de San Luis Gonzaga, natural de Calatayud y P. José Rada de los Dolores, de Tarazona

El P. Vicente Soler exhortaba a sus hermanos antes del martirio: “algunos caeremos y seremos mártires, pero después del Viernes Santo viene la Resurrección”.

En Roma el 28 de octubre de 2007, bajo el pontificado de Benedicto XVI dos nuevos mártires de nuestra diócesis fueron beatificados. Aunque pertenecían en el momento de su martirio a la Orden de los Predicadores, Dominicos, habían sido formados en nuestro Seminario y habían desarrollado con anterioridad su labor pastoral en nuestra diócesis.

José María Muro Sanmiguel, nació en Tarazona el 26 de octubre de 1905. Cursó los estudios de humanidades, filosofía y teología en nuestro Seminario llamado entonces de San Gaudioso. Desde 1928 desempeñó los cargos de Coadjutor de Villalengua, Regente de Purojosa, Coadjutor en Novallas; después ingresó en los dominicos y con 31 años fue martirizado en Castelserás (Teruel). Con humor, hablando de la posibilidad del martirio decía que era “ir al cielo con zapaticos y todo”.

Tirso Martínez Melero, nacido en Alfaro (entonces diócesis de Tarazona), cursó sus estudios en nuestro Seminario y en él fue también profesor, destacando como gran latinista; escribió una gramática de la lengua latina que destacó en su momento por su valor pedagógico. Fue también un gran predicador y apóstol de la doctrina social de la Iglesia considerado en su época, por ello, “defensor del pueblo”.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

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