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Opinión

Carta desde el monasterio Cisterciense Madre de Dios, Buenafuente del Sistal, marzo 2013

Carta desde el monasterio Cisterciense Madre de Dios, Buenafuente del Sistal.

Muy queridos hermanos en Cristo, es una gran bendición del Señor, un don, gozar esta tarde del privilegio de la fraternidad y caminar por este desierto cuaresmal que nos conduce a la Pascua apoyados en Cristo y en los hermanos. Frente a esta sociedad individualista, es una gracia sabernos Pueblo de Dios por los méritos de Jesucristo; saber que vamos hacia la Ciudad Futura, con un oriente, con un sentido en la vida, teniendo siempre presente de dónde nos ha rescatado y nos rescata cada día el Señor. Y decir con Abraham, nuestro padre en la fe: “Mi padre fue un arameo errante.”

Durante este tiempo cuaresmal, como siempre, viene en nuestra ayuda la santa Madre Iglesia, que como una madre nos da lo que nos hace falta. En uno de los prefacios eucarístico-cuaresmales dice el presbítero: “Porque con nuestras privaciones voluntarias nos enseñas a reconocer y agradecer tus dones, a dominar nuestro afán de suficiencia y a repartir nuestros bienes con los necesitados, imitando así tu generosidad”. En este párrafo del prefacio se afirma que todos tenemos afanes de suficiencia que conviene dominar; por ello, unamos esta tarde y cada día nuestra oración con esta intención, intentemos  privarnos voluntariamente de algo para que Él nos conceda el don de dominar este afán de creernos capaces y para que nos regale “convertirnos y creer en el Evangelio”, cantando, por añadidura con el salmista: “Señor, mi corazón ya no es ambicioso, ni se eleva con soberbia mi mirada, ni voy en busca de cosas grandes que son superiores a mis fuerzas” (sal 131).

 

Aun estando en el ecuador de nuestra travesía cuaresmal, queremos hoy recordar con vosotros la solemnidad de la Presentación del Señor, la Jornada de la Vida Consagrada. El Papa Benedicto XVI, hoy emérito, nos decía así en su exhortación a los consagrados: “Os invito a vivir una fe que sepa reconocer la sabiduría de la debilidad: justamente en las limitaciones y en las debilidades humanas estamos llamados a vivir con Cristo, en una tensión integral. El gozo de la vida consagrada pasa necesariamente a través de la participación en la Cruz de Cristo”. Hoy, a la luz del acontecimiento de la renuncia del Papa al ministerio petrino, ha cobrado vida esta afirmación. Damos gracias a Dios no solo por sus palabras, sobre todo por su vida, en la que las vemos cumplidas. Y en este marco inmejorable, como muchos sabéis, nuestra hermana Carmen inició el noviciado, su andadura en la vida consagrada. Que tanto para ella como para toda la Comunidad, las palabras escuchadas sean socorro de nuestra flaqueza.

 

Hoy nos despedimos con la confianza de que el Viñador cavará nuestra tierra y la abonará, y si Dios quiere, daremos fruto a su tiempo.

 

Unidos en el camino, dejémonos querer por nuestro Padre y los hermanos.

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