Carta monasterio cisterciense Buenafuente Sistal Esperanza
Firmas

Carta desde el monasterio cisterciense de Buenafuente del Sistal por Nuestra Señora de la Esperanza

Agradecemos esta tarde la posibilidad que nos brinda el Señor de compartir este tiempo de oración y la Eucaristía, tan cerca de Navidad y en la actualidad del Adviento. Hoy, la Iglesia nos ha propuesto en la liturgia contemplar a María, Nuestra Señora de La Esperanza. Ella está siendo la Estrella de nuestro camino hacia el Pesebre, este año de forma particular, ya que nos hemos apropiado del lema y del mural de los chavales de nuestro arciprestazgo que participaron en la marcha de Adviento: “Con María te esperamos”. Ha sido y es una providencia cobijarnos al amparo de nuestra Madre y centrar nuestra atención en ella. De su mano hemos rezado con madre Teresita:”Quiero mirar con tus ojos, oír con tu oído, hablar con tu boca y amar con tu corazón”. Y a la par, hemos bendecido al Señor por esta participación de las parroquias del arciprestazgo, que nos ha dado la posibilidad de estar más cerca de quienes viven más próximos a nosotras y en comunión, sobre todo con los autores del mural.

 

María, nuestra Madre, es la protagonista del Adviento; a partir del alumbramiento el centro ya es el Hijo. Por esto será que la liturgia nos remite a ella incluso invocándola en días propios: La Inmaculada, Ntra. Sra. de Guadalupe, y hoy, Ntra. Sra. de La Esperanza. La oración colecta de la solemnidad de La Inmaculada decía: “Y en previsión de la muerte de tu Hijo la preservaste de todo pecado”. Sabemos que Dios siempre nos da la gracia que necesitamos, en cada momento de la vida. Sin embargo, este año, al escuchar esta oración, nos ha sellado estas palabras: “En previsión de la muerte de tu Hijo”. Es decir, que no fue concebida sin pecado por los miles de motivos que pueden acudir a nuestra mente, sino en previsión de su misión. No son aleatorias las gracias que hemos recibido, pues el Señor nos llama a una misión concreta para la cual nos ha dado unos talentos y nos ha encomendado su hacienda: la humanidad entera, que clama con gemidos inefables. Nuestros vecinos, amigos o familiares que pasan necesidad, que sus vidas no tienen sentido…… Este clamor que a veces nos pasa desapercibido porque nosotros mismos participamos del paganismo reinante, Dios Padre sí lo escucha. Y… ¿qué nos pasa? Hace muy poco hemos leído estas palabras del cardenal Cañizares: “Siento la debilidad actual en el anuncio del Evangelio…….Es importante que, desde la sinceridad y la humildad, reconozcamos esa debilidad y fragilidad de nuestra fe. Creo que es el camino para ponernos en movimiento y renovarnos.” Tras esta reflexión de nuestro querido cardenal, escuchamos al Señor que nos habla al corazón: ¡Ánimo, no temáis!

“Que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). Así, podemos decir “Creo en Dios Padre Todopoderoso”, pues si Dios, que es todopoderoso, se manifiesta a los hombres en un recién nacido indefenso, también nosotros, reconociendo la debilidad y fragilidad de nuestra fe, podemos, de la mano de María, acompañarle en su entrega para nuestra salvación y en la misión de anunciar el Evangelio a todos los hombres.

De corazón os deseamos una feliz Navidad y santo año próximo.

 

Unidos, en torno al Pesebre, recibimos la Luz, Dios Niño

 

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