Carta del Obispo Iglesia en España

Carta del obispo Juan José Omella sobre el compromiso ante la crisis económica

Monseñor Juan José Omella Omella es el obispo de Calahorra y La Calazada-Logroño y escribe, en el comienzo del Adviento, una carta pastoral titulada “Ven y haz tú lo mismo”. Este es su texto íntegro:

 

Queridos hermanos de esta Iglesia de Jesucristo que peregrina en La Rioja:  A vosotros gracia y paz de parte de Dios, Padre nuestro, y del Señor Jesucristo.   

I

 

Comenzamos el Adviento, tiempo en el que avivamos la esperanza de que Dios, Creador de cielo y tierra, el Dios del amor, que tomó carne en el seno virginal de María Santísima y nació en Belén, sigue comprometiéndose con la humanidad, con cada uno de nosotros, compartiendo nuestras penas y nuestros gozos, nuestras tristezas y angustias, llevándonos, a través de este “valle de lágrimas”, a una nueva ciudad en la que no habrá llanto ni dolor, en la que todo será alegría y gozo, en la que reinará la justicia, el amor y la paz.

Este Dios hecho hombre tiene un rostro y un nombre, Jesús de Nazaret. Sus palabras y sus hechos están reflejados en el Evangelio y en ellos nos invita a comprometernos, como Él lo hizo, con los hermanos, especialmente con los más pobres y sencillos, con los que más sufren.

En la fiesta del Corpus del año 2009, cuando la crisis económica estaba produciendo mucho dolor en algunas familias de nuestra sociedad, os escribí una carta titulada “Caritas Christi urget nos. La Iglesia ante la crisis económica”. Al comienzo de esa carta os decía:  “Me llena de alegría y de consuelo el comprobar que desde que comenzó la ‘crisis financiera’ muchas personas, comunidades cristianas y grupos eclesiales se han preguntado, y me han preguntado, qué podríamos hacer personal y comunitariamente para aliviar el dolor de tantos hermanos nuestros. Hay en el corazón de todos vosotros, seguidores de Jesús, un deseo creciente de llevar el amor de Cristo a la vida ordinaria, de aliviar el dolor y sufrimiento de los hermanos. En vosotros se hacen realidad las palabras de san Pablo: «Caritas Christi urget nos» (el amor de Cristo nos apremia) (2 Co 5,14)”.

En ese momento el número de parados superaba los 4.000.000 (Encuesta de Población Activa del primer trimestre de 2009) y la tasa de paro se situaba en el 17,36% y con una tendencia clara a seguir aumentando. El 2,3% de los hogares no tenían ocupados, parados ni pensionistas que recibieses ingresos; en un 5,9% de los hogares todos sus miembros activos estaban en desempleo; y los hogares en los que la «persona de referencia» activa careciese de empleo fijo y a jornada completa eran un 5,8 % (VI Informe FOESSA. Cáritas Española). Cifras que producían escalofríos y que invitaban a un compromiso serio en favor de los que más sufrían por causa de la “crisis financiera”.

Ante esa situación tan alarmante propuse una serie de actitudes y compromisos que deberíamos adoptar con el fin de imitar al Buen Samaritano de la parábola del Evangelio, tratando de cumplir con gozo y generosidad lo que el Señor Jesús nos dejó dicho al final del relato: “Ve y haz tú lo mismo” (Lc 10, 37).

Como gesto solidario significativo, propuse la creación de un fondo de solidaridad destinado a dar subsidios, ayudas y a crear becas de trabajo, en Cáritas-Chavicar o de otra manera,  para parados sin ningún tipo de ayuda y sin ningún ingreso familiar. Este fondo se nutriría de aportaciones especiales de los sacerdotes (entregando el 10% del sueldo durante un año o una paga extraordinaria), de aportaciones de congregaciones y organismos religiosos, como colegios católicos, parroquias, movimientos y grupos apostólicos y de aportaciones y donativos expresos de los fieles para este fin. E invitaba también a revisar los gastos ordinarios y extraordinarios de nuestras instituciones eclesiales desde una óptica de mayor austeridad y sentido solidario.

Quiero agradecer desde aquí la generosidad de muchos de vosotros por la aportación a ese fondo, por vuestra solidaridad con los más necesitados. ¡Gracias de todo corazón!

 

II

 

Hoy, después de tres años, la situación ha empeorado para muchos ciudadanos, hermanos nuestros. El desempleo ha crecido hasta cotas muy alarmantes: más del 25% de la población activa no tiene trabajo, muchos han perdido la vivienda, otros muchos ya no tienen ninguna prestación pública. Y no vemos con claridad el final de esta dura situación. Algunos entendidos hablan de que quizás se vea un poco de luz en el año 2014.

A día de hoy, estos son algunos datos que nos acercan a la cruda realidad y que son realmente más graves que los del año 2009: el número de parados en España es de 5.778.100, es decir el 25’02% de la población activa. De ellos 1.737.900 hogares tienen a todos sus miembros en paro. En La Rioja el número de parados asciende a 30.900, es decir el 20’33% del total de la población activa. El porcentaje es prácticamente igual entre hombres y mujeres, pero en menores de 25 años el paro alcanza el 49’47%. Esos datos son del Instituto Nacional de Estadística y corresponden al tercer trimestre del año 2012.

Cifras, pues, realmente graves e interpelantes. No se puede esconder la cabeza frente a lo que está ocurriendo, ni, mucho menos, mirar para otro lado frente al sufrimiento de tantas personas. Cada uno, apelando a sus propios principios, debe reflexionar sobre la situación presente, tratar de entenderla y enjuiciarla en sus justos términos, y participar desde su responsabilidad para cambiar lo que sea necesario y, sobre todo, ejercitar la solidaridad dentro de sus posibilidades con quienes sufren las consecuencias de la crisis.

No entro a señalar las posibles causas que han llevado a esta situación; sobre eso hay mucho publicado y de todos conocido; pero recojo unas palabras de quien fue presidente del Fondo Monetario Internacional desde el año 1996 al 2000, Michel Camdessus, y actualmente presidente de la SFEF (Société de Financement de l’Economie Française) y miembro del Pontificio Consejo Justicia y Paz, dice así: “esta crisis financiera es realmente también, y posiblemente ante todo, un desastre ético” (Ekargi SGR, ¡Saldremos de la crisis! Cómo y cuándo. Donostia, 2009, 67). Ahí debemos mirar, al desastre ético, si queremos conocer las verdaderas causas de la crisis y el posible camino de salida.

Os invito a reaccionar ante esta situación mirando con ojos de ternura al pobre que está tendido en la cuneta, como lo hizo el Buen Samaritano, y tratando de ayudar con lo poco o lo mucho que tengamos. Las palabras de Jesús, “Ve y haz tú lo mismo” (Lc 10,37) siguen resonando en nuestro corazón y nos empujan a actuar con responsabilidad y generosidad.

El Papa Benedicto XVI en la carta de convocatoria al año de la Fe nos dice también que este año “será una buena oportunidad para intensificar el testimonio de la caridad, pues San Pablo nos recuerda: Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de ellas es la caridad” (Porta Fidei, nº 14).

Por ello os pido que:

 

–          Sigamos potenciando seriamente las estructuras y el funcionamiento de Cáritas en toda la Diócesis. La presencia del servicio de la caridad (la diakonia) de manera organizada en todas las parroquias es una exigencia de buen servicio a los pobres de nuestra sociedad. También lo es el ser cuidadosos y preparar bien las campañas de Cáritas, no olvidar las dos colectas obligatorias. El actuar coordinadamente, tener una organización que funcione bien y sobre todo equipos de personas que estén cercanos y sensibles a los problemas, y como Jesús, el buen Samaritano, sepan en su discreción sembrar confianza, apoyo, esperanza y las ayudas concretas que se vean urgentes, es lo que posibilita que en los momentos de especial dificultad, como el actual, podamos dar respuestas oportunas y significativas a las necesidades de los últimos de la sociedad.

 

–          Sigamos colaborando en el Fondo de Solidaridad. En los tres años que lleva funcionando se ha recaudado 292.949’06 euros y se ha atendido a 155 familias sin recurso alguno. Sé que es una gota en el océano de la pobreza, pero es una gota que ha dado ánimo y esperanza a esas familias tan necesitadas. Propongo y os pido a todos, sacerdotes, congregaciones y organismos religiosos, colegios católicos, parroquias, movimientos, grupos apostólicos, hombres y mujeres de buena voluntad, que en estas fechas cercanas y entrañables de la Navidad, pero también a lo largo del año, tomemos el compromiso de seguir colaborando con el Fondo de Solidaridad entregando el 10% del sueldo y ¿por qué no la paga extraordinaria de diciembre? No olvidemos que Dios no se deja ganar en generosidad. La viuda de Sarepta dio al profeta Elías generosamente el último pan que le quedaba, y Dios la premió no faltándole harina en su orza ni aceite en su alcuza hasta que el Señor concedió la lluvia sobre la tierra (1R 17,7-16). Dios nos concederá el gozo inmenso de saber que ha sido a Él a quien hemos encontrado en la ayuda prestada al pobre: “lo que habéis hecho con cada uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25,40).

 

III

 

 

Sé de vuestra gran generosidad que se hace visible con motivo de tantas colectas a favor de Cáritas, Manos Unidas, Misiones, Proyecto Hombre etc., etc. Mostremos así nuestra fe a través de nuestra caridad, ya que la fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y la caridad se necesitan mutuamente, de modo que una permite a la otra seguir su camino. En efecto, muchos cristianos dedican sus vidas con amor a quien está solo, marginado o excluido, como el primero a quien hay que atender y el más importante que socorrer, porque precisamente en él se refleja el rostro mismo de Cristo. Gracias a la fe podemos reconocer en quienes piden nuestro amor, el rostro del Señor resucitado.

Que Nuestra Señora de la Caridad, madre de todos los pobres y afligidos, y santo Domingo de la Calzada, apóstol de la caridad en nuestras tierras, nos sirvan de ejemplo y estímulo en esta tarea.

Con mi afecto y bendición,

 

 

+ Juan José Omella Omella

Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

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