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Cartas de los obispos

Carta del obispo del obispo auxiliar y administrador diocesano de Tarrasa: «Venga tu Reino»

Hemos llegado al último domingo del tiempo ordinario, antes de iniciar el período del Adviento. Y la Iglesia celebra y proclama siempre en este día a Jesucristo, Rey del universo. Hoy se nos presenta Jesucristo glorificado, Rey y Señor de la historia.

El ángel había anunciado a María: “No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin” (Lc 1,30-33)

Pero Cristo no es un rey como los demás: “Mi reino no es de este mundo” dijo a Pilato. No es un reino de honores, de riquezas, de poderes y dignidades como lo entiende el mundo. No es un reino terrenal, sino celestial. Es un reino de amor, de justicia, de gracia y de paz; un reino que está muy por encima de las ambiciones humanas. Un reino que heredarán los pobres, los mansos, los que sufren, los misericordiosos, los humildes, los que trabajan por la paz, los perseguidos… Un reino, en definitiva, que poseeremos plenamente en la otra vida, pero que se ha iniciado ya desde ahora.

Por este motivo Él, Jesucristo, se encarnó, es decir, se rebajó haciéndose hombre como nosotros, entró  en el tiempo y el espacio que había creado. Su corona es una corona de espinas y su trono, la cruz.

Contemplamos a Jesús ante Pilato, poco antes de ser condenado a muerte y colgado en la cruz. Aparece Cristo Hombre en toda su majestad y grandeza, como prefigurando ya su divinidad: “Tú lo dices –responde a Pilato-: Soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo”… (Jn 18,37). ¡Sí! Para ser Rey.  Y el mismo Pilato lo proclama rey después de la flagelación y la coronación de espinas: “Y dijo Pilato a los judíos: He aquí a vuestro rey. Ellos gritaron: ¡Fuera, fuera; crucifícalo!” (Jn 19, 14-15).

En la oración del Padrenuestro rezamos: “Venga a nosotros tu reino” Pero, ¿qué significa esto? ¿Qué queremos decir? Su Reino es Él mismo que viene a nosotros. Es Cristo que ha triunfado y quiere reinar en nosotros y en el mundo.

La fiesta de hoy, Jesucristo Rey, significa que Él es el Señor del universo, de nosotros mismos, de todo. Por eso, cuando pedimos que venga su Reino es para hacerlo presente en el mundo, aunque  ello depende también de nosotros, de que le dejemos ser nuestro Señor, y así hacerlo Rey para todos. Porque él quiere reinar a través nuestro, si dejamos que lo haga.

+ Salvador Cristau Coll
Obispo auxiliar y administrador diocesano de Tarrasa



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