Revista Ecclesia » Carta del arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, ante el Día de la Iglesia Diocesana
ricardo blazquez
Iglesia en España

Carta del arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, ante el Día de la Iglesia Diocesana

Carta del arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, ante el Día de la Iglesia Diocesana

La Iglesia es la comunidad de los bautizados, cuyo crecimiento como fieles se logra, por un lado, implicándonos en conocer más y mejor a Jesús, y, por otro, dejando que el Resucitado transforme nuestra vida y nos ilumine para amar la virtud, la humildad, la solidaridad y el desarrollo de trabajos honestos y dignos.

La Iglesia Católica está dividida en todo el mundo en diócesis, a cuyo frente se encuentra un Obispo. La diócesis es una porción del Pueblo de Dios que a su vez se subdivide en parroquias (la de Valladolid cuenta con más de 300), y al frente de cada parroquia hay un sacerdote que le dedica toda su existencia.

El Día de la Iglesia Diocesana 2014 tiene como lema PARTICIPAR EN TU PARROQUIA ES UNA DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS. ¿Cuáles son esos principios que inspiran la actividad de los miembros de la Iglesia de Cristo?

Desde los principios del Evangelio, nuestro compromiso como católicos nos lleva a participar en la vida de la Iglesia. Y esta participación se hace más cercana en la parroquia, donde los cristianos deben ser testigos de Cristo en medio del barrio, en la comunidad de vecinos, en la vida cotidiana.

Desde los principios de la comunión eclesial, todos los fieles debemos sostener nuestra parroquia: los dones recibidos de Dios, el tiempo y el dinero de los miembros de la comunidad parroquial hacen posible las obras de caridad, la oración litúrgica, la catequesis y la formación cristiana. Todos somos necesarios; nadie está excluido. Además, como en cualquier hogar, permiten hacer frente a los gastos corrientes como luz, gas, teléfono, limpieza, etc.

Desde los principios de la Nueva Evangelización, los cristianos estamos invitados a prestar mayor atención a ese momento de la Liturgia que es la colecta y ofertorio. Los primeros cristianos se reunían para celebrar la Cena del Señor y compartir sus bienes (Hch 2,42-47). Con el tiempo, este compartir se convirtió en un acto importante junto a las ofrendas del pan y del vino, en el que ofrecemos nuestros gozos, angustias y esperanzas. La ofrenda de nuestra participación, de nuestra colaboración y de nuestro donativo hacen posible que la parroquia permanezca viva en el tiempo y en el espacio.

Y desde los principios de la corresponsabilidad, la Iglesia no es solamente el Obispo, los sacerdotes, las religiosas y religiosos o laicos comprometidos, sino que somos todos los creyentes. Por ello, todos tenemos la misma exigencia de santidad, los mismos derechos y deberes, la misma necesidad de recibir de ella el alimento espiritual y la misma responsabilidad para dar generosamente aquello que garantice su sostenimiento.

Entramos en la Iglesia para adorar y salimos para servir. Por eso, todos estamos llamados a participar con nuestro tiempo, con nuestros talentos y con nuestra aportación económica.

Agradezco a todos la colaboración.



O si lo prefieres, regístrate en ECCLESIA para acceder de forma gratuita a nuestra revista en PDF

HAZME DE ECCLESIA

Añadir comentario

Haga clic aquí para publicar un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Cada semana, en tu casa