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Cuaresma 2021
Cartas de los obispos

Carta del obispo de Tarazona: «Llamada a la santidad y oración por los difuntos»

Mañana comenzamos el mes de noviembre y lo hacemos con dos celebraciones de gran arraigo en nuestra diócesis: La solemnidad de Todos los Santos y la conmemoración de los Fieles Difuntos.

La solemnidad de Todos los Santos nos hace presente a la Iglesia triunfante, recordando a todos aquellos hermanos que después de una vida llena de virtudes han alcanzado la bienaventuranza de ver a Dios (Mt 5,8). Al siguiente día, y completando la fiesta del día anterior, se celebra la conmemoración de los Fieles Difuntos, en este día, recordamos y oramos por aquellos hermanos nuestros que, aunque seguros de su eterna salvación, necesitan un tiempo de purificación y nuestra oración.

La solemnidad de Todos los Santos nos hace contemplar a aquellos hijos de la Iglesia que han vivido a través de los siglos dando testimonio de su fe, algunos, incluso, con el derramamiento de su sangre. Algunos de ellos han sido reconocidos por la Iglesia y los veneramos como santos, pero también celebramos a los que podemos llamar “santos anónimos”, es decir, tantas personas que, en su vida ordinaria, supieron vivir como testigos de Cristo, en la vida consagrada, en el matrimonio, en la familia, en su trabajo.

Todos ellos, como nos dice el papa Francisco: “Nos estimulan y nos motivan, pero no están para que tratemos literalmente de copiarlos, la santidad no se copia, porque hasta eso podría alejarnos del camino único y diferente que el Señor tiene para cada uno de nosotros. Lo que interesa es que cada creyente discierna su propio camino, cada uno de nosotros tiene su camino de santidad, de encuentro con el Señor”.

El día 2 de noviembre, al celebrar este día de oración por los difuntos, confesamos nuestra fe en que, por la Muerte y Resurrección de Cristo, estamos llamados a participar de la vida plena más allá de la muerte, adquiriendo la muerte cristiana un sentido positivo: “Para mí, la vida es Cristo y morir una ganancia” (Flp 1, 21) y “si hemos muerto con Él, también viviremos con Él” (2Tm 2,11) convencidos de ello, profesamos en el credo “Creo en la resurrección de los muertos y en la vida eterna”.

Gracias a Cristo, la muerte cristiana tiene un sentido positivo. La visión cristiana de la muerte se expresa de modo privilegiado en la liturgia de la Iglesia: “La vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma: y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo”. También en nuestros días, estamos llamados a anunciar esta gran esperanza, la Iglesia está llamada a anunciar la fe en la resurrección. La resurrección de los muertos es esperanza de los cristianos; somos cristianos por creer en ella.

 

+ Eusebio Hernández Sola
Obispo de Tarazona



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