Carta Sigüenza-Guadalajara, Atilano Rodríguez, para la Cuaresma 2013
Carta del Obispo Iglesia en España

Carta del obispo de Sigüenza-Guadalajara, Atilano Rodríguez, para la Cuaresma 2013

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La Cuaresma, tiempo de gracia y conversión

Con la imposición de la ceniza, nos adentramos un año más en el tiempo cuaresmal. La Iglesia invita a todos los cristianos a vivir la Cuaresma como tiempo de gracia y de salvación, como tiempo de especial renovación espiritual, para celebrar con alegría desbordante los misterios de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, mediante los cuales tuvo lugar la redención del mundo.

Como todos sabemos muy bien, además de las recomendaciones penitenciales de la oración, el ayuno y la limosna para disponernos espiritualmente a la celebración de la Pascua, el tiempo de Cuaresma tiene también hondas connotaciones bautismales. Durante los cuarenta días de preparación para la Pascua, quienes iban a recibir el bautismo en la Vigilia Pascual recibían una formación más intensa, iluminados en su camino de conversión por la Palabra de Dios.

 

Ahora bien,  las exigencias para la vida cristiana, que tienen su fundamento y origen en el sacramento del bautismo, no terminan el día de la celebración del mismo, como piensan muchos bautizados. El bautismo, como verdadera puerta de la fe y como inserción en la misma vida de Dios, es el comienzo de un itinerario que dura toda la vida y que concluye con el paso de la muerte a la vida eterna.

Por eso, todos tendríamos que revisar nuestra identidad de hijos de Dios y preguntarnos si verdaderamente vivimos los compromisos adquiridos con Él y con los hermanos el día de nuestro bautismo. Para ello, tendríamos que preguntarnos: ¿Recordamos el día de nuestro bautismo? ¿Crecemos en la comunión vital con Cristo, rechazando el pecado y asumiendo la novedad de la vida cristiana?. ¿Amamos a la Iglesia, familia de los hijos de Dios,  en cuya fe hemos sido bautizados?. ¿Nos reconocemos hermanos de todos los hombres al tener un mismo Padre?

En estos momentos de profunda confusión social y religiosa, a todos nos conviene clarificar nuestra identidad cristiana y encontrar las respuestas adecuadas a estos interrogantes. En tiempos pasados era más fácil vivir la fe y confesarla públicamente. El ambiente social, cultural y religioso favorecía la vivencia de los valores evangélicos y la confesión pública de la fe. En la actualidad,  la indiferencia religiosa y la increencia, que todos palpamos, nos obligan a una mejor formación cristiana y a una profundización en la identidad creyente, no sólo para vivir con gozo y esperanza el seguimiento de Jesucristo, sino para dar razón de nuestra fe y de nuestra esperanza a los demás.

 

Sin duda, esta revisión de las exigencias bautismales durante el tiempo cuaresmal, nos ayudará a acercarnos con profunda convicción a la Vigilia Pascual para celebrar, en comunión con Cristo resucitado, la victoria de la vida sobre la muerte y para renovar, con quienes van a recibir el sacramento del bautismo, las promesas bautismales que un día nuestros padres y padrinos hicieron por nosotros, comprometiéndose a educarnos en la fe de la Iglesia.

 

Con mi bendición, feliz y provechoso tiempo cuaresmal.

 

Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

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