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Iglesia en España

Carta del obispo de Segovia, Ángel Rubio, para Semana Santa

Carta del obispo de Segovia, Ángel Rubio, para Semana Santa

Ocho días de Semana Santa, es el título de la carta del obispo de Segovia, Ángel Rubio, para Semana Santa

Domingo de Ramos. Las Cofradías y Hermandades de Semana Santa con palmas y ramos acompañan el paso de Jesús entrando en Jerusalén. De una manera simbólica se está entrando en la Semana Santa de 2013 donde vamos a recordar no solo lo que fue el destino de Jesús, sino también aquello en lo que se ha convertido nuestro propio destino. La celebración de este día ha de ser como un impulso que nos lleve a permanecer al lado de Cristo nuestro Rey Mesías.

Lunes Santo. Se celebra la misa crismal en la Santa Iglesia Catedral con la participación de todos los sacerdotes con su Obispo dentro de la cual consagra el Santo Crisma y bendicen los demás oleos (catecúmenos y enfermos). Es una manifestación de la comunión entre el Obispo y sus presbíteros en el único y mismo sacerdocio de Cristo. Una celebración que hace presente de modo expresivo el misterio de la Iglesia local.

Martes Santo. Las Hermandades y Cofradías salen en procesión acompañadas de las bandas de cornetas y tambores. No hay rincón de la ciudad que no emane espiritualidad estos días. Se preparan los hábitos y túnicas que portan su capirote para elevar oraciones al cielo. Los cofrades ponen sus hombros bajo las andas recordando el peso de la cruz y mantienen la luz de la esperanza en sus velas y cirios. Todo para dar más autenticidad a su fe cristiana y entrar en contacto con lo religioso y hacerlo a través de los símbolos, de los gestos y de las emociones.

Miércoles Santo. Somos convocados a participar en el vía crucis penitencial con el Cristo de la Buena Muerte en la huerta de los Padres Carmelitas. «¿A dónde te escondiste amado y me dejaste con gemido? Como el ciervo huiste, habiéndome herido, salí tras de ti, clamando, y eras ido» (San Juan de la Cruz). El vía crucis es una expresión latina que significa «camino de la cruz». Una devoción que surgió cuando el pueblo cristiano comenzó a seguir en espíritu el mismo recorrido de Jesús en su pasión, desde el pretorio de Pilatos hasta el monte Calvario.

Jueves Santo. Después de la hora nona comienza el Triduo Pascual con la misa vespertina que evoca aquella cena en la cual el Señor Jesús en la noche en que iba a ser entregado habiendo amado a los suyos hasta el extremo, ofreció a Dios Padre su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino, entregadas a los apóstoles para que lo comieran y mandándoles que ellos —y sus sucesores— también lo ofreciesen. Es el día del amor más grande, del amor fraterno porque hoy empezamos a ser todos hermanos de verdad con el mandamiento de la caridad.

Viernes Santo. En la liturgia de la tarde se celebra el triunfo de la cruz. La cruz es mostrada a la asamblea con solemnidad y todos se acercan para adorarla y besarla, como queriendo beber la vida que brota del crucificado. Jesús ha muerto. En la cruz está clavado. Esta es la obra del amor de Cristo que se entregó a sí mismo a la muerte por librar de la muerte a los suyos. Con el himno decimos: «¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol, donde la vida empieza con un peso tan dulce en su corteza!».

Sábado Santo. Estamos ya en el umbral de la fiesta y de la noche más sagrada de la vida cristiana, la Vigilia Pascual. La comunidad cristiana llega al templo parroquial, en esta noche, para asistir al espléndido triunfo de la resurrección de Cristo que es nuestra propia resurrección. Estamos convencidos de que «de nada nos hubiera valido haber nacido si no hubiéramos sido redimidos». Pero Cristo resucitó. Ahora se entiende todo lo anterior porque el Cristo resucitado es el Cristo nacido en Belén; y todo el proceso de su vida va desarrollándose como respondiendo a un germen interior que estalla en esta noche santa. El cirio pascual ilumina toda nuestra vida y participamos de la alegría del triunfo de Cristo y la gracia de haber resucitado con Él. En cada misa, y cada domingo, recordamos y hacemos presente de nuevo la gran Pascua de la resurrección.

Domingo de Resurrección. La procesión con la imagen de Cristo resucitado y el santo sepulcro vacío es el mejor sermón plástico y elocuente. Desde el primer domingo de Resurrección, los cristianos no somos el pueblo de un muerto, sino el pueblo de un resucitado. La vida del creyente no es soledad angustiosa, sino experiencia compartida con el resucitado. Nuestra calle de la amargura se cambia en camino de Emaús.

La vía dolorosa de la existencia humana se convierte —para los que creen en el amor de Dios que se nos ha difundido en nuestros corazones—, en otra calle de alegría y felicidad, de paz y concordia en la que se entrelazan las vidas de todos los humanos, porque ellos no fueron creados para el dolor y la muerte sino para el gozo y la vida. En esa calle inmensa encontramos a María, la Madre del Resucitado. Feliz Pascuas de Resurrección para todos.

 

                                                                  + Ángel Rubio Castro

                                                                    Obispo de Segovia

 

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