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Carta del obispo de Segovia, Ángel Rubio, ante el Día del Seminario: sacerdotes y seminaristas

Carta del obispo de Segovia, Ángel Rubio, ante el Día del Seminario: sacerdotes y seminaristas

Sois necesarios queridos hermanos sacerdotes. Hacen faltan sacerdotes para que haya Eucaristía para que haya Iglesia, para que haya laicos entregados a la implantación del Reino de Dios en el mundo, para que haya vocaciones a la vida consagrada y a la acción misionera, para gustar y ver qué bueno es el Señor y como nos ama.

Sin ellos —sin vosotros— sin sacerdotes buenos y santos, pastores conforme al corazón de Dios no habrá futuro para la Iglesia y la misma sociedad. Con sacerdotes gozosos de su vocación podremos tener también seminaristas. En el día del seminario particularmente agradecemos que el Señor haya suscitado este mismo curso el primer seminarista mayor —Álvaro es su nombre— preparado y orientado desde el seminario menor en familia.

Los jóvenes de nuestro tiempo también encuentran dificultades para seguir una posible llamada de Dios, debido al ambiente cada vez más secularizado de nuestra cultura actual. El hombre “contemporáneo” se considera orgullosamente “adulto”, como para no tener que dar crédito a Jesucristo y al evangelio, que son considerados como “creencias” de otros tiempos. Como alternativa se propone a los jóvenes un falso pluralismo, en el que no hay una verdad, sino que todo es relativo todas las opiniones son posibles. De este modo, el camino queda abierto a la manipulación de las mayorías y a la imposición de los grupos ideológicos, que siembran la confusión y muchas veces el desencanto por la vida.

En este amplio supermercado de opiniones, en el que la voz y la figura del sacerdote han perdido el prestigio social de otros tiempos, no es frecuente que los jóvenes emprendan un camino de consagración a Jesucristo. A este hecho se suma, además, la actual exaltación y banalización de la sexualidad, que hace que el celibato sacerdotal no se comprenda fácilmente. Por esta razón, cuando la voz de Dios comienza a ser percibida por un joven, con toda su fuerza seductora, pronto trata de ser acallada por su ambiente social más cercano, e incluso por su propia familia, dificultando ampliamente el clima de comprensión y serenidad que toda respuesta vocacional necesita.     ‘

Dios nos sigue diciendo que cuidemos las vocaciones sacerdotales que trabajemos por ellas. Sin duda la mejor promoción vocacional sois vosotros los sacerdotes, con vuestro testimonio, ejemplo, identidad, alegría… animando a seguir este camino que merece la pena realizar. En esta promoción vocacional un lugar privilegiado lo ocupan la oración. Hay que orar mucho en los conventos, en las parroquias, en la iglesia y fuera de la iglesia y sobre todo en momentos especiales ante el Santísimo Sacramento de la Eucaristía; hay que seguir orando y reduplicando esta oración, que nunca falla.

Las familias cristianas han de ser un instrumento para este surgimiento de vocaciones. Damos gracias a Dios y agradecemos lo que se viene haciendo con las familias en este orden y sentimos la responsabilidad de avanzar sin desmayo y con ilusión esperanzadora.

El hecho de poder pronunciar las palabras «yo te absuelvo», o, «esto es mi cuerpo», «esta es mi sangre», son el mejor indicativo de que nuestra humanidad ha recibido una configuración diversa, aquella que la tradición ha denominado forma de vivir apostólicamente.

Sacerdotes diocesanos estad orgullosos de vuestra vocación. Seminaristas, jóvenes, dejaos conquistar por Dios. Fieles seglares, amad a vuestros sacerdotes para que vuestra cercanía y apoyo de a la Iglesia un impulso nuevo y renovado. Con mi bendición y afecto.

 

+ Ángel Rubio Castro

                                                                                                                    Obispo de Segovia



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