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Cartas de los obispos

Carta del obispo de Orihuela-Alicante: «Adviento: El Señor viene. El modelo es María»

En las presentes circunstancias creo que resulta especialmente oportuno vivir este consolador tiempo de Adviento. Así se expresa la Antífona de Entrada del viernes de la primera semana de Adviento: «El Señor viene con esplendor a visitar a su pueblo con la paz y comunicarle la vida eterna».Este es el anuncio: «El Señor viene». En presente. Un presente continuo, una acción que siempre tiene lugar. Una venida que está entre las dos venidas: la de su Encarnación, en humidad, y la del final de la historia, en poder y gloria.

La de ahora, San Bernardo la llama oculta: tiene lugar en el alma de los creyentes y tiende una especie de puente entre la primera y la última. Contemplando cómo se preparó el Pueblo de Israel a la primera nos preparamos para esta intermedia y así estaremos en vela hasta que vuelva al final del tiempo, en su última venida.

El Señor desea siempre encontrarnos, visitarnos, hacerse carne de nuestra vida porque sabe lo mucho que lo necesitamos. Y quiere, también, entrar en nuestro tiempo a través de nosotros; quiere venir a nuestra historia haciendo en cada uno de nosotros morada viva para llegar a través de nosotros a las personas y realidades que nos rodean. Y esto por obra del Espíritu Santo, que formó a Jesús, Hijo de Dios hecho hombre, en el seno de la Virgen María, y es quien lleva a cabo en la persona humana el admirable proyecto de Dios, trasformando ante todo el corazón y, desde este centro, todo el resto de ella.

Así, el gran modelo es María. Ella pertenecía a la parte del pueblo de Israel que en tiempo de Jesús esperaba con todo su corazón la venida del Salvador. Esperaba con gran ilusión la venida del Señor, pero no podía imaginar cómo se realizaría esa venida. El Evangelio de San Lucas (1, 26-38), que proclamamos en la celebración eucarística de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, nos lo muestra: el anuncio del arcángel, el Señor vendría encarnándose en ella; la respuesta de María: un gran acto de fe, de obediencia, de confianza: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra». Así se convirtió ella en «morada» del Señor, en verdadero «templo» suyo en el mundo y en «puerta» por la que Dios entró en nuestra historia y habitó entre nosotros.

El Señor sigue deseando venir a nuestras vidas, sigue llamando a la puerta del corazón de nuestras personas, sigue esperando que le ofrezcamos morada en nosotros. Esto es lo que queremos aprender de nuevo en el tiempo de Adviento: preparar los caminos para que venga, allanar los senderos de su venida, eliminar los obstáculos que impiden que haga morada en nosotros.

De ahí que sean días de luchar contra los defectos dominantes, de adquirir las virtudes necesarias, de reconocer y confesar nuestros pecados, apartando, por gracia, cuanto impide que el Señor venga y habite nuestra vida, la ilumine con su luz y la centre con su paz. Días propicios para disfrutar en la contemplación de las grandes figuras que la liturgia del Adviento nos trae: los profetas; Juan Bautista, y, especialmente María, como hemos ya señalado.

Y junto a ella, especialmente, en este su Año, San José; modelo de fe adulta, hecha silencio, obediencia fiel a Dios, y constancia en el servicio y vocación recibidas, más allá de las difíciles circunstancias; luz nítida en un momento crucial de la historia; ayuda ejemplar para que Dios viniera y se estableciera entre nosotros. A la intercesión de todos ellos nos acogemos al iniciar este Adviento, que deseamos lleno de gracia por la venida del Señor a nuestras vidas.

Con mi bendición, un gran abrazo a todos. ¡Buen Adviento para una Feliz Navidad!

 

+ Jesús Murgui Soriano
Obispo de Orihuela-Alicante



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