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Cartas de los obispos

Carta del obispo de Mondoñedo-Ferrol: «Ante la destrucción del tejido industrial en nuestra diócesis»

Celebramos hoy la Jornada Mundial del Trabajo Decente. También nuestra Iglesia diocesana se une a esta iniciativa a través de Cáritas y HOAC dentro de la plataforma “Iglesia por el Trabajo Decente”. Todos somos conscientes de la importancia que la realidad del trabajo juega en nuestra vida diaria. Este ocupa la mayor parte de nuestro tiempo y es un elemento fundamental que marca la inclusión social, el bienestar económico, la realización personal… Sabemos que la pobreza y la exclusión tienen mucho que ver con la realidad laboral que se vive. 

Desde mi llegada a esta querida tierra de Mondoñedo-Ferrol voy teniendo conciencia de la delicada situación que se vive en diferentes lugares por causas muy diversas. En cierta manera tengo la percepción de que se está desmontando una tradición fuertemente industrial de nuestro territorio que era referente para el resto de España. Por eso, vivo con preocupación y mucha cercanía los conflictos laborales de la central térmica de As Pontes, de Alcoa en Cervo y Xove, de Vestas en Viveiro, del desmantelamiento de empresas en As Somozas. A ello se une la situación preocupante de Navantia en Ferrol (aun en medio de la esperanza que parece percibirse en el horizonte), unido al sufrimiento de tantas compañías auxiliares que de ellas dependen, así como de tantos autónomos y pequeños negocios que viven una realidad de dificultad provocada por la crisis sanitaria. Detrás de cada puesto de trabajo que se elimina, no lo olvidemos, hay un trabajador y una familia que afrontan el futuro con enorme incertidumbre y gran sufrimiento. Por eso, quiero estar muy cerca de cada uno, ofreciendo la solidaridad y la cercanía personal y la de toda nuestra Iglesia. Todas estas noticias, ciertamente, no son buenas para nuestra sociedad, para nuestra gente, para nuestro futuro, para nuestros jóvenes… y tampoco lo son para nuestra Iglesia. 

Nuestros tiempos son muy complejos. La globalización marca hoy los dictados económicos dentro de un sistema tremendamente competitivo que lo hace inhumano. La precarización laboral no ha hecho sino crecer. Por eso, sin duda, la gran cuestión hoy es el trabajo. Con el papa Francisco tenemos que recordar que “lo verdaderamente popular —porque promueve el bien del pueblo— es asegurar a todos la posibilidad de hacer brotar las semillas que Dios ha puesto en cada uno, sus capacidades, su iniciativa, sus fuerzas. Esa es la mejor ayuda para un pobre, el mejor camino hacia una existencia digna. Por ello insisto en que ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias. El gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida digna a través del trabajo” (FT 162). 

En ese sentido, tienen especial importancia los poderes políticos en los diferentes ámbitos de decisión. Su labor es fundamental para garantizar un trabajo digno para todas las personas. Por eso, hoy más que nunca, tenemos que recordarles que “es imperiosa una política económica activa orientada a promover una economía que favorezca la diversidad productiva y la creatividad empresarial, para que sea posible acrecentar los puestos de trabajo en lugar de reducirlos” (FT 168). 

Igualmente, la actividad de los empresarios es fundamental. De ellos depende, en muchas ocasiones, el acceso a un trabajo que permita el desarrollo pleno de la persona. Su actividad es “una noble vocación orientada a producir riqueza y a mejorar el mundo para todos. Sus capacidades, que son un don de Dios, tendrían que orientarse claramente al desarrollo de las demás personas y a la superación de la miseria, especialmente a través de la creación de fuentes de trabajo diversificadas” (FT 123). 

También en la generación del trabajo digno intervienen los diferentes agentes sociales, especialmente los sindicatos y los propios trabajadores. A través de la responsabilidad en el propio puesto de trabajo y mediante la vivencia y promoción de los valores tradicionales del movimiento obrero, se es capaz de generar una cultura diferente que se abre a la solidaridad, a la humanización y al desarrollo integral desde la dignidad de cada persona. 

No podemos abdicar del sueño de Dios que quiere garantizar tierra, techo y trabajo digno para todos. En este empeño hemos de colaborar todos juntos para hacerlo realidad. Trabajemos juntos para que esto sea posible. Nuestra Iglesia, que no es ajena a la lucha por la justicia, también estará presente. 

 

+ Fernando García Cadiñanos
Obispo de Mondoñedo-Ferrol 



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