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Cartas de los obispos

Carta del obispo de Menorca: «Vivir la Navidad en profundidad»

Queridos hermanos:

Para nosotros los cristianos la Navidad celebra el gran acontecimiento de todos los tiempos: el hecho insospechado de que Dios, movido por su amor hacia nosotros, ha querido compartir nuestra existencia y hacerse uno de nosotros. Si es verdad que Dios se ha hecho hombre, entonces no son una mera ilusión todos nuestros deseos de alcanzar la felicidad, porque ha nacido el Salvador que nos enseña a vivir en plenitud y abre el camino para la vida eterna. Vale la pena que celebremos en profundidad este acontecimiento, sin dejarnos llevar por la tendencia generalizada de convertir la Navidad en unas fiestas de invierno, olvidando su verdadera razón de ser. Permitidme cuatro consejos para vivir la Navidad como una de las grandes fiestas de los cristianos.

El primero es que, en medio del barullo de estos días, encontremos un momento de silencio y reflexión, para poder profundizar en el misterio que celebramos. Para ello es muy importante que participemos en las Eucaristías de estos días solemnes, pero también que busquemos un tiempo para leer las narraciones de los Evangelios acerca del nacimiento de Jesús y dejar que hablen a nuestro corazón. La Navidad tiene un gran poder transformador y, si la vivimos bien, puede ayudarnos a crecer humana y espiritualmente.

El segundo consejo es que cuidemos todas las expresiones externas más propias de nuestra fe, como poner un belén en nuestras casas, cantar villancicos y desear una “feliz Navidad” a todas las personas con las que nos encontremos. Son detalles que nos ayudan a recordar que el centro de estos días de fiesta y descanso está en ese Niño nacido en Belén, al que nosotros reconocemos con gratitud como nuestro Señor y Salvador.

Es muy importante, también, que escapemos del ambiente de consumo que nos rodea estos días y que puede pervertir el sentido de lo que celebramos. Está bien tener detalles con los niños y hacer regalos a las personas que amamos, pero debemos evitar todo despilfarro y lujo innecesario. Puesto que veneramos a un Dios que nace pobre, en el centro de la Navidad deberían estar los más pobres y necesitados. Navidad es tiempo de solidaridad, de pensar en las personas que tienen dificultades para vivir y de compartir con ellos nuestros bienes.

Por último, la Navidad nos invita a estrechar los lazos con nuestras familias, compartiendo con ellos la alegría que nos inunda estos días. Es hermoso vivir la Navidad con los familiares y amigos, haciendo partícipes a los más pequeños del mensaje de la Navidad. Vale la pena que pensemos cómo podríamos hacer que Jesús sea el centro también en nuestras celebraciones familiares.

En estos días son muchos los atractivos que nos invitan a vivir superficialmente la Navidad, como fiesta de champán, comidas abundantes, gasto y lujo. Pero nosotros los cristianos no podemos dejarnos arrastrar por esta corriente, sino que debemos centrar la mirada y el corazón en aquello que sí vale la pena celebrar: que un Niño nos ha nacido y ese Niño es nuestro Salvador.

 

+ Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca



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