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Cartas de los obispos

Carta del obispo de Menorca: «Transmitir la novedad del Evangelio»

Queridos hermanos:

El Evangelio que Jesús predicó supuso la irrupción de algo nuevo que hasta entonces no existía. A lo largo de su ministerio, Jesús predicó con gran autoridad una enseñanza nueva, que era capaz de cambiar el modo de vivir de quienes la escuchaban, y realizó numerosos signos con los que hacía patente el amor y el perdón de Dios. La gente decía asombrada: «Es una enseñanza nueva llena de autoridad» (Mc 1, 27). Finalmente, con su sangre derramada en la cruz, selló la nueva alianza de Dios con la humanidad. Quien la acoge, es transformado en un hombre nuevo.

Los primeros discípulos eran muy conscientes de esta novedad. San Pablo no se cansa de hablar de la «vida nueva» que destila la existencia del creyente (Rom 6, 4). Para él, la vida del cristiano se puede definir como una «nueva creación» (Gál 6, 15). Las primeras comunidades cristianas resultaban atractivas porque eran capaces de ofrecer a la decadente sociedad de su tiempo un nuevo modo de vida, que colma de sentido la existencia humana. A imagen de Jesús, la primera Iglesia sobresalía por su capacidad de forjar hombres y mujeres nuevos, testigos del amor de Dios en la sociedad de su tiempo. Aquí radicaba su atractivo.

Nosotros, sin embargo, parece que hemos perdido la capacidad de mostrar la novedad y frescura del Evangelio. El cristianismo aparece a los ojos de nuestros contemporáneos como una religión anquilosada en el pasado, que no es capaz de dar respuesta a las búsquedas e inquietudes de los hombres. Nuestra primera misión es ayudarles a percibir la novedad que trae Jesucristo. Él es «el mismo ayer hoy y para siempre» (Heb 13, 8) y su riqueza y hermosura son inagotables. Como comenta el Papa Francisco, «Él siempre puede, con su novedad, renovar nuestra vida y nuestra comunidad y, aunque atraviese épocas oscuras y debilidades eclesiales, la propuesta cristiana nunca envejece. Jesucristo también puede romper los esquemas aburridos en los cuales pretendemos encerrarlo y nos sorprende con su constante creatividad divina» (EG, 11).

Nos tropezamos, también, con la dificultad de que muchas personas han perdido la capacidad de sorpresa ante el Evangelio. Como han crecido en una cultura y ambiente cristianos, creen que ya lo saben todo sobre Jesús y el Evangelio y no advierten la novedad que contiene. Se hace necesario pensar en nuevas formas de hacerles llegar la frescura del Evangelio. Necesitamos encontrar «nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual»(EG 11).

Y necesitamos, sobre todo, hombres y mujeres que vivan la vida nueva del discípulo. Lo que atrajo a aquellos primeros discípulos no fueron largos discursos ni sermones huecos, sino el testimonio transformador de unos cristianos que vivían en profundidad el amor, que gozaban con su fe y transmitían una fuerte esperanza que llenaba la vida de sentido. Sólo unos hombres nuevos serán capaces de sembrar la semilla de Jesús en el corazón de los demás.

 

+ Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca



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