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Cartas de los obispos

Carta del obispo de Menorca: «Dar razón a la esperanza»

Queridos hermanos:

La primera carta de Pedro está dirigida a unos cristianos que viven en la diáspora, en las provincias de Asia Menor (la actual Turquía). En esta carta se intuye un clima tenso de hostilidad hacia ellos e incluso de violencia, aunque sin llegar a la persecución expresa que tuvo lugar poco más tarde. La carta habla de “sufrimiento” y con este término se refiere a las experiencias negativas de desconfianza, sospecha, odio y agresión que soportan los cristianos por el mero hecho de serlo. En este contexto el autor de la carta explica a la comunidad cristiana cómo tienen que vivir esta situación.

Lo primero que dice es que deben cuidar la comunión entre ellos, dando testimonio de amor. En diversas ocasiones la carta insiste en la importancia de que exista un amor sincero entre los miembros de la comunidad: “amaos intensamente unos a otros con corazón puro” (1,22); “Tened entre vosotros intenso amor” (4,8). El amor aparece así como el signo distintivo de la comunidad cristiana, que contrasta con la conducta individualista propia de los no creyentes. Es un amor, además, que conduce a poner “al servicio de los demás la gracia que ha recibido” (4,10).

La segunda manera de afrontar una situación de hostil a la fe es hacer continuamente el bien. Frente a las calumnias que puedan producirse, la carta insiste en que deben mantener un comportamiento ejemplar. Es preferible incluso sufrir por haber hecho el bien que obrar el mal: “¿Quién os hará mal si os afanáis por el bien? Mas, aunque sufrierais a causa de la justicia, dichosos de vosotros” (3, 13). El cristiano debe, también renunciar a la revancha: “no devolváis mal por mal ni insulto por insulto” (3, 9). Así obró Cristo en su pasión que “al ser insultado, no devolvía el insulto” “al padecer, no amenazaba” (3.9). El cristiano está llamado a responder al mal con una bendición.

Por último, el autor de la carta pide a los cristianos que estén siempre preparados para dar razón de la esperanza a todo el que la pida (cf. 3, 16). El creyente no debe dejarse atemorizar por las críticas ni ocultar su fe, sino dar respuesta con claridad y sinceridad a todo el que pregunta por ella. El texto de la carta invita a ofrecer una reflexión racional, un “logos”, una explicación de la fe, de manera que el testimonio de vida vaya acompañado con una palabra de vida. En cierta manera, los demás tienen derecho a saber qué es lo que da sentido a nuestra vida y la llena de esperanza.

Creo que estas palabras de la carta de Pedro valen para nosotros, porque también nosotros tenemos que vivir el Evangelio en condiciones que muchas veces son desfavorables. La respuesta cristiana ha de ser la misma: vivir amando, mantener una conducta pacífica y estar dispuestos a explicar nuestra fe a quien nos preguntara por ella. ¡Ojalá los cristianos del siglo XXI seamos capaces de asumir estas actitudes y ser testigos de la esperanza!

 

+ Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca



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