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Cartas de los obispos

Carta del obispo de Menorca: «Con delicadeza y respeto»

Queridos hermanos:

Cuando la carta de Pedro nos pide “dar razón de la esperanza a todo el que la pidiere”, añade que debemos hacerlo “con delicadeza y respeto” (3, 16). La palabra que proclamamos es muy importante, pero también debemos tener en cuenta el modo en que lo hacemos.

Ante todo, nuestro anuncio de Jesucristo ha de estar caracterizado siempre por el exquisito respeto a la conciencia de los demás. La presentación de la fe no puede ser nunca impositiva, sino que siempre ha de tener el carácter de propuesta, de oferta de vida. No existe evangelización sin diálogo y sin respeto de las personas. La propuesta del Evangelio tiene que adoptar el estilo de diálogo, como el que Jesús mantuvo con la Samaritana o con los discípulos de Emaús. “Se trata –ha dicho el Papa Francisco- de adquirir un dialogo pastoral sin relativismos, que no negocia la propia identidad cristiana, sino que quiere alcanzar el corazón del otro, de los demás distintos a nosotros, y allí sembrar el Evangelio” (Discurso 27-11-2014).

Poner en práctica este estilo evangelizador requiere de nosotros cercanía, capacidad de escuchar y comprensión. No nos podemos situar ante los demás juzgando y condenando, sino con respeto, apertura de miras y empatía.  “En nuestra relación con el mundo, se nos invita a dar razón de nuestra esperanza, pero no como enemigos que señalan y condenan” (EG 271). Hemos de ser “misericordiosos como el Padre” (Lc 6, 26) practicando la acogida incondicional, la proximidad y la disposición a caminar junto a los demás, para escucharlos y explicar las Escrituras (Cf. Lc 24,13-35; Hch 8,26-39) sin establecer previamente el recorrido, sin pretender ver inmediatamente los frutos y sin reclamarlos para sí mismo (cf. Directorio para la Catequesis, 135).

Es necesaria también la paciencia. Nuestra labor es sembrar la Palabra pero no somos nosotros quienes la haremos crecer ni, probablemente, quienes recogerán los frutos. Hay que ser perseverantes, sembrar y esperar pacientemente que la semilla crezca y un día pueda dar su fruto. A veces queremos acelerar los procesos, que siempre son costosos y a veces muy largos. Pero,“para que las personas sean capaces de decisiones verdaderamente libres y responsables, es preciso dar tiempo, con una inmensa paciencia” (EG 171). En muchas ocasiones nos falta confianza en la fuerza de la semilla, en lo que el Espíritu siembra en los corazones de los hombres por nuestro medio.

Al final de la carta a los colosenses, San Pablo da un consejo, que también creo vale la pena tener en cuenta: “Vuestra conversación sea siempre agradable, con su pizca de sal, sabiendo cómo tratar a cada uno” (Col 4, 6).No se puede anunciar el Evangelio con caras tristes y largos discursos, sino que es preciso que nuestro estilo sea ameno, sabiendo resaltar lo que el Evangelio tiene de amable y atractivo, exponiendo su contenido sin rigideces y siendo sensible a cada persona y la situación en que se encuentra.

 

+ Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca



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