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Cartas de los obispos

Carta del obispo de Menorca: «Anunciar que Cristo nos ha salvado»

Queridos hermanos:

La segunda gran verdad que el cristiano debe proclamar es que Cristo nos ha salvado. La fe en Jesucristo es una gran luz para nuestra inteligencia y nos otorga la fuerza para seguirle. Él es iluminador y revelador, redentor y liberador. Como dice la Escritura, Él se hizo nuestro camino para que pudiéramos vivir una vida humana plena. Jesús nos ha dado un “camino nuevo y viviente que él nos abrió a través del velo del Templo, que es su carne” (Heb 10, 20).

En verdad, Jesucristo nos ilumina y nos libera del error, porque con su palabra y su vida nos muestra quién es Dios y quiénes somos nosotros. Como subrayó el Concilio, “el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado” (GS 22). Él es luz que inunda toda nuestra vida y llena de sentido cada instante de nuestra existencia.

Cristo nos libera también de la inclinación a obrar el mal, sanando con su gracia y con su amor nuestra voluntad. Unidos a Jesús, incorporados a Él, somos transformados, renovados y sanados. La experiencia de ser perdonados por Él nos permite levantar la cabeza una y otra vez y volver a empezar. Su amor es más grande que todas nuestras contradicciones, nuestras fragilidades y pequeñeces. La libertad que Cristo nos otorga restituye nuestra capacidad de amar a Dios por encima de todo y de amar a los demás.

La manifestación más grande de este amor acontece en la cruz, donde se entrega para salvarnos. Allí nos amó hasta el extremo (cf. Jn 13, 1). Mediante su obediencia perfecta en la cruz y mediante la gloria de la resurrección, el Cordero de Dios ha quitado el pecado del mundo y ha hecho posible nuestra liberación. Por eso, mirar la cruz nos libera y nos da fuerza y coraje para vivir el Evangelio.

Lo más extraordinario es que Jesús nos salva sin que nosotros lo merezcamos. Ha escrito el Papa Francisco: “Su perdón y su salvación no son algo que hemos comprado, o que tengamos que adquirir con nuestras obras o con nuestros esfuerzos. Él nos perdona y nos libera gratis. Su entrega en la Cruz es algo tan grande que nosotros no podemos ni debemos pagarlo, sólo tenemos que recibirlo con inmensa gratitud y con la alegría de ser tan amados antes de que pudiéramos imaginarlo: Él nos amó primero (1 Jn 4,19)” (Christus vivit, 121).

Los cristianos nos sentimos salvados y liberados por Jesús, pero muchas personas de nuestro mundo siguen caminando sin rumbo, porque no encuentran una razón para vivir o siguen esclavas de sus pasiones y vicios, sin tener la fuerza necesaria para vencer el mal. A todos ellos debemos repetir: mira a Cristo, acércate a su cruz y déjate salvar por Él. En su carne destrozada y en su sangre derramada se encierra el amor inmenso que te tiene y que te permite renacer una y otra vez.

 

+ Francisco Conesa Ferrer
Obispo de Menorca



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